lunes, 25 de junio de 2012

Igramar Morro Jable, unos apartamentos paradisiacos y con la leyenda de Gustav Winter

RAFAEL GONZÁLEZ MORERA



Cuando llegas a los Apartamentos Igramar Morro Jable situados a veinte metros de la playa, te sientes transportado casi al paraíso. El trayecto entre Gran Canaria y Fuerteventura ha sido un poco duro, porque nos cogió un mal tiempo tremendo, con mucho viento, pero te sientes reconfortado cuando tras abrir las maletas y colocar el equipaje, te vas a la playa que está al lado y te das el primer baño en unas aguas cristalinas, qué cómo me decía un amigo, te permite ver los longorones, las larvas y hasta tus pies, dada la calidad y limpieza del agua. Además no hay aguavivas, y cómo este año Las Canteras ha estado llena de estas molestas medusas, por primera vez me doy un baño de mar sin miedo a un picotazo, que ya en mi infancia sufrí por La Puntilla de aquellas aguavivas azules y de largos rejos, y no me quiero ni acordar.
Si afirmo en el título que Igramar Morro Jable, aparte de paradisiaco y excepcional, son unos apartamentos de leyenda, la cosa va porque han sido construidos en donde estaba la casa de Gustav Winter, ó Don Gustavo el alemán, como muchos morrojablenses le llamaban hasta su muerte en 1971 acaecida en Las Palmas de Gran Canaria. Pero de momento volvamos a los apartamentos, que están ubicado en la calle peatonal Las Gaviotas, número 3, y que sale a la Avenida Tomás Grau Gurrea, la Avenida Marítima que besa el mar, en veinte pasos mal contados.
Como decíamos están ubicados justamente en los terrenos de la antigua Mansión de Gustav Winter, primer promotor alemán de la isla, y a las orillas de la Playa de La Cebada, que es la playa del pueblo, embrión en donde empiezan las grandes playas de Jandía, y se me antoja que Igramar Morro Jable combina a la perfección la modernidad de sus servicios e instalaciones, junto al clásico y agradable toque isleño. Tienen una coqueta piscina en donde refrescarte cuando regresas de la cercana playa, y además dispone de wifi para con tú portátil estar conectado con el mundo. Y el que no lleve portátil, dispone de un ordenador en la biblioteca.
Los apartamentos se ubican entre la avenida de la playa y las 3 calles peatonales de Morro del Jable, entrando a la Recepción y hall de bienvenida por la Calle Las Gaviotas y el acceso al garaje es por la Calle Miramar. El Mar al Este y a tan solo unos pocos pasos, accederemos a la avenida de la playa de Jandía en la bahía del pueblo. Diversas terrazas y restaurantes de playa con excelentes pescados adornan la vida diaria. El Oeste nos sorprenderá con una zona comercial y las principales calles del pueblo, ahora peatonales.
Al Sur, 10 minutos a pié, encontraremos el Muelle de Morro con su antigua Cofradía de Pescadores y embarcaciones marineras tradicionales además de modernas instalaciones y servicios nauticos y deportivos. Ver llegar los barquitos pesqueros por la mañana con pescados brincando todavía es toda una delicia, y además puedes comprarlos en la pescadería que está al lado del restaurante de la cofradía, y prepararlos luego en el apartamento que tiene una cocina muy completa, aunque en vacaciones a la parienta no le hace nada de gracia cocinar y luego fregar. Y al Norte la Avenida nos lleva por una ajardinada zona de asombrosos amaneceres y atardeceres de mar rojizo, a la zona comercial y de ocio nocturno de Jandía, en donde especialmente los viernes y los sábados por la noche hay mucha animación.
Volviendo a la leyenda de Gustav Winter, ó Don Gustavo el alemán, digamos que es uno de los personajes más interesantes de la historia de Fuerteventura. Nacido en Zastler, cerca de Friburgo, en 1893, llegó a Gran Canaria en 1924, ingeniero de profesión construyó la Compañía Canaria Colonial de Electricidad y Riego (CiCER), su primera aportación, de las muchas que hizo en Canarias. Más tarde, a principios de los años 40, Gustav Gunter compra la Península de Jandía, y comienza la leyenda. Por esos años 40 construye en Cofete un gran caserón, y se ha dicho que desde esta gran mansión suministraba a los submarinos alemanes viveres y combustible, y además hacía grandes fiestas para los marinos alemanes que descansaban unos días por esas aguas. Hay diferentes versiones sobre la veracidad de esta leyenda, aunque sus hijos han negado siempre que Winter fuese un nazi refugiado en la España franquista. La principal actividad económica al inicio de sus vivencias majoreras fue la explotación del ganado caprino, y la producción de quesos que exportaba a Gran Canaria y el resto de las islas.
Lo que si está demostrado es que los Winter siempre vivieron en Morro Jable en “la casa de don Gustavo el alemán”, lo que hoy día son los Apartamentos Igramar, y que hay que diferenciar con la Mansión o Castillo de Cofete. En esta casa del pueblo instaló un gran comedor infantil, en donde en la época del hambre comían muchos niños de Pájara. También está documentado que Gustav Winter promovió el turismo en Fuerteventura, y más concretamente en Morro Jable, impulsando la construcción del primer hotel de la zona en 1966, el Casa Atlántica, junto a sus compatriotas los arquitectos Gustav Schütte y Manfred Henneken, y el propietario de la compañía aérea alemana Südflug, el millonario germano Rul Bückle. Poco después se construyó el hotel Robinson, el segundo que se erigió en Morro Jable, y en donde estuve con mi familia en 1974, que ya son años. Mucho antes, por los años 50 tuvo planes herr Winter para instalar una fábrica de cemento y factoría de pescados, continuidad de la de salazones de Lloret y Llinares que estuvo funcionando por esa época.
En esta ocasión, y más informados de la vida y leyenda de Gustav Winter, tratamos de trabar la hebra con algunos jubilados que todas las mañanas y las tardes forman una tertulia en los bancos de la Avenida Marítima de Morro Jable. Al principio comenzamos a preguntar por cosas más banales, incluso por las fiestas de San Juan de Cofete, en las cuales ya estuvimos el año pasado, y poco a poco entramos en el tema de “Don Gustavo el alemán”. Juanito, un octogenario muy simpático, el más hablador nos decía que “efectivamente los Apartamentos Igramar están en donde estuvo la casa de Don Gustavo el alemán. Y es verdad que tenía un comedor para los niños, porque yo comí durante mucho tiempo en ese comedor atendido casi siempre por su esposa. No sé si era un espía nazi, a veces estaba en la Mansión de Cofete tres o cuatro días, eso sí, era un poco misterioso, muy serio y poco hablador con la gente del pueblo, pero buena persona”. Fernando, un anciano algo más joven que Juanito, es más crítico con la familia Winter. “La señora Winter creía que porque nos daba de comer a los niños de Morro Jable, tenía derecho a todo sobre nosotros. Y don Gustavo, agüita, si se enfadaba había que tenerle miedo. Cuando los más galletones hacían alguna barrabasada llamaba a la Guardia Civil, y a los chicos gamberros los metían en el cuatelillo por lo menos una noche, y se llevaban más de un cachetón”.
Pero la verdad es que la mayoría de los habitantes de Morro Jable nos hablan bien y con respeto de “don Gustavo el alemán”. Todavía le recuerdan muchos paseando por la Playa de la Cebada, o camino de Cofete en su flamante coche alemán, pero el enigma y la aureola de misterio en torno a la Mansión de Cofete todavía perdura en el tiempo. Dejamos el tema de “don Gustavo el alemán”, y nos vamos a cenar al restaurante Charly, un templo de la gastronomía del pescado, y algunas cosas más, el restaurador más antiguo de Morro Jable. Un salpicón de pescado, y un atún rojo con papas arrugadas y mojo verde y rojo muy majorero, es un remate inolvidable para una nueva estancia en Morro Jable, en los mares del sur canarios de nuestras preferencias, con Playa Blanca en Lanzarote, La Restinga en El Hierro con su volcán submarino y todo, y las playas volcánicas del Teneguía en La Palma, otros lugares sureños de nuestras islas realmente idílicos. Aunque los norteños no tienen nada que desmerecer.

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