domingo, 8 de junio de 2014

Juan Carlos I en la Audiencia Nacional

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rafaelnarbona.es


Anoche tuve un sueño. Soñé que Juan Carlos I se sentaba en el banquillo de la Audiencia Nacional, acusado de enaltecimiento del terrorismo. La inefable jueza Ángela Murillo desplegaba sus modales cuarteleros para encarar al Borbón populista, malhablado y propenso a soltar guantazos cuando alguien no complace su real gana. Interrogado por la jueza, Juan Carlos I respondía a las preguntas con un rotundo: “¿Por qué no te callas?”. Sin dejarse intimidar, Murillo replicaba: “Por mí, como si tomas vino”. Aunque los excesos etílicos corren por sus aristocráticas venas, el Rey declinaba la invitación y, con gesto compungido, declaraba: “He sufrido malos tratos y torturas”. “Es el procedimiento habitual”, contestaba la implacable jueza. “No se queje y no calumnie a la Guardia Civil”. “No ha sido la Guardia Civil –objetaba el Borbón, con lágrimas de cocodrilo-. Ha sido el pueblo español. Me ha hecho sufrir mucho, afeando mis cacerías y mis debilidades carnales”. “Bueno –exclamaba la jueza, conciliadora-. Esos reproches maliciosos e inconstitucionales son obra de perro-flautas y rojo-separatistas. No se preocupe, Majestad. Los estamos cazando enTwitter y Facebook. Se van a cagar. Les vamos a meter un buen puro. Y si se ponen gallitos, los enviaremos al juez Eloy Velasco. Ese sí que es un buen…”. Alarmado, el fiscal tosió con fuerza, impidiendo escuchar el final de la frase. “Un buen magistrado”, rectificó la jueza. Más tranquilo, el Borbón sonrió, cerrando su real boca. Detrás del cristal blindado, parecía el anciano Tiberio, feliz de pensar en su ansiado retiro en su mansión de Capri, donde ya no tendría que rendir cuentas de sus actos a plebeyos y periodistas entrometidos.
Desgraciadamente, “toda la vida es sueño / y los sueños, sueños son”. Mi sueño solo es una pirueta del inconsciente, que jamás se escenificará. Juan Carlos I disfrutará de su jubilación, flirteando tranquilamente con los siete pecados capitales en la piscina de Capri, un privilegio reservado a los que solo responden ante Dios y ante la Historia. Como Carlos V, Felipe II y su admirado Francisco Franco. El Borbón nunca ocultó su admiración hacia el Generalísimo. En una conocida entrevista de los años sesenta, el Príncipe manifiesta: “Para mí es un ejemplo viviente, por su desempeño patriótico al servicio de la patria día a día. Por esto, siento por él un gran afecto y admiración”. ¿Alguien se imagina a Angela Merkel expresando algo parecido sobre Hitler? Algunos dirán que es una analogía malintencionada y desproporcionada, especialmente después de que el Diccionario Biográfico Español de la Real Academia de la Historia estableciera que “Franco fue un general valeroso y católico que participó en un Gobierno caótico”. Al margen de la penosa cacofonía de la frasecita, Franco tal vez sería “valeroso y católico”, pero las cifras no mienten y solo falsificando la historia se podrá negar su condición de asesino y genocida. Durante la guerra civil, declaró al periodista norteamericano Jay Allen que ganaría la guerra “a cualquier precio”, fusilando a media España si era necesario. Casi cumple su promesa. Los historiadores aún polemizan sobre el número de víctimas, pero incluso los más moderados admiten que superan las 150.000. Gabriel Jackson habló de 400.000, pero Antony Beevor y Paul Preston señalan que la represión solo afectó a 200.000 “rojos”. Estos cálculos no incluyen las bajas en el frente ni las víctimas de los bombardeos sobre la población civil. Mi madre pudo ser una de esas víctimas, pues solo tenía doce años cuando cayó una bomba sobre la casa donde vivía en pleno centro de Madrid. La Calle de la Palma no era un objetivo militar, pero Franco –“valeroso y católico” – estimó que diezmar a la población civil era una buena estrategia para acabar con la Segunda República. La Audiencia Nacional persigue con saña inquisitorial a internautas y raperos que lanzan exabruptos en las redes sociales, acusándoles de “enaltecimiento del terrorismo”, pero no interviene cuando se ensalza a Franco y se niega a extraditar a conocidos torturadores de la dictadura, como el sádico Antonio Gómez Pacheco, alias Billy el Niño, o el ex capitán de la Guardia Civil Jesús Muñecas. Los magistrados alegarán que “se ajustan a Derecho”, pero esa argucia legal no les exime de su responsabilidad moral. Nunca han dado un paso para proteger a las víctimas del franquismo y no han desperdiciado la oportunidad de humillar a sus familias cada vez que intentaban conseguir una reparación legal. No hay motivo para sorprenderse, pues la Audiencia Nacional es la continuación del Tribunal de Orden Público y del Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo. Nada ético o noble saldrá de sus entrañas franquistas.
Juan Carlos I no solo hace apología del genocidio cuando elogia a Franco, sino que es cómplice de los crímenes perpetrados por la dictadura, al menos desde 1969, cuando el Caudillo le designó sucesor en la Jefatura del Estado. El 2 de marzo de 1974 se ejecutó al anarquista catalán Salvador Puig Antich y al ciudadano alemán Heinz Chez, que en realidad se llamaba Georg Michael Welzel. Welzel tardó 25 minutos en morir. Puig Antich tuvo una agonía algo más breve, pero igualmente indigna y dolorosa. El 27 de septiembre de 1975 se produjeron las últimas ejecuciones del franquismo. Tres militantes del FRAP (José Humberto Baena, José Luis Sánchez Bravo y Ramón García Sanz) y dos militantes de ETA (Ángel Otaegi y Juan Paredes Manot, Txiki) fueron fusilados por voluntarios de la Guardia Civil, que se pusieron de acuerdo para alargar la agonía de los reos, disparando escalonadamente a zonas no vitales del cuerpo. Durante la dictadura, las ejecuciones convivieron con las torturas –sistemáticas, masivas- y los asesinatos extrajudiciales, como el de Enrique Ruano, joven estudiante de Derecho que el 20 de enero de 1969 no sobrevivió a los interrogatorios de la infame Brigada Político-Social. Celso Galván, uno de sus asesinos, se convertiría con los años en escolta de Juan Carlos I. No creo que este hecho pueda atribuirse al azar. Por si alguien duda sobre la identificación del Rey con la dictadura, no está de más recordar el comunicado que la Casa Real emitió el 18 de julio de 1978: “Hoy se conmemora el aniversario del Alzamiento Nacional que dio a España la victoria contra el odio y la miseria, la victoria contra la anarquía, la victoria para llevar la paz y el bienestar a todos los españoles. Surgió el Ejército, escuela de virtudes nacionales, y a su cabeza el Generalísimo Franco, forjador de la gran obra de regeneración”. Afirmar que Juan Carlos I no es responsable de los crímenes de la dictadura es tan grotesco como exculpar a cualquier alto cargo del III Reich, pretextando que solo realizaba funciones diplomáticas o administrativas.
Juan Carlos I nunca traspasará el umbral de la Audiencia Nacional, salvo para ser agasajado y ensalzado. La jueza Murillo seguirá exhibiendo sus modales exquisitamente democráticos y Eloy Velasco, Pedraz y el resto de sus colegas continuarán empapelando a los internautas (preferiblemente jóvenes y amas de casa) que desahogan su rabia con frases incendiarias. El objetivo es dejar muy claro que los poderes político, judicial y legislativo trabajan conjuntamente contra los ciudadanos. Ni el paro ni los desahucios excusan a los que piden la cabeza de políticos y banqueros. No importa que solo sean expresiones simbólicas e inofensivas, que reflejan la indignación contra el régimen del 78, una trama que combina represión, corrupción y brutalidad policial para destruir los derechos sociales y laborales de los trabajadores. La pobreza infantil, la emigración forzosa de los jóvenes, la explotación laboral, las obscenas desigualdades y los desahucios de familias con hijos menores o discapacitados no le quitan el sueño a la Audiencia Nacional. Juan Carlos I seguirá la estela de Tiberio y la clase obrera solo podrá escoger entre la miseria, la manipulación o el desengaño. En las Analectas, Confucio escribió: “Donde hay justicia no hay pobreza”. Evidentemente, ese aforismo no puede aplicarse en España, donde torturadores y genocidas viven tranquilos y la ciudadanía ha interiorizado que si llaman a la puerta de su casa a las seis de la mañana, no es el lechero, sino un hijo del Duque de Ahumada. No creo que Dios ni la Historia exculpen a Juan Carlos I, el Rey del IBEX-35 y las satrapías del Magreb y el Golfo Pérsico.

sábado, 7 de junio de 2014

La dictadura perpetua y la monarquía en España

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Rafael de la Garza Talavera




Rebelión



Por más que le de uno vueltas al asunto, resulta imposible negar que la monarquía española no es sólo el legado político exclusivo de la dictadura franquista sino que, al mismo tiempo, representa el único obstáculo institucional para la existencia de la república. Obsesionado con la corriente republicana española, Franco comprendió claramente que la única manera de perpetuar su régimen era a través de una monarquía reconfigurada.Es por lo anterior que la corriente republicana ha cobrado protagonismo frente a la abdicación envenenada de Juan Carlos, que en su afán por sobrevivir y tragándose sus propias palabras, se hace un lado para cederle la corona a su hijo Felipe. Es tal su angustia que el rey se desprende de un traje que no le iba nada bien en los últimos tiempos: acosado por los escándalos y sus desplantes en el ámbito internacional, tiene también en su haber la calculada indiferencia para con el sufrimiento del pueblo que dice proteger. La crisis económica que azota al pueblo español, el desempleo rampante, los desalojos sistemáticos y la ola de suicidios que han provocado no parecen importarle. En contraste, se da el lujo de cazar elefantes y solapar corruptelas familiares.
El descrédito real fue cobrando fuerza y ni él ni su equipo de imagen pudieron contrarrestarlo, hasta que recurrió a la última carta que le quedaba: abdicar. Aun así, los medios de comunicación del poder reprodujeron la nota del traspaso de la corona, reforzada con la vieja cantinela de su convicción democrática, comprobada por muchos gracias a su intervención para sofocar el intento de golpe de Tejero. Sin embargo, se ha sugerido la idea de que el rey estuvo relacionado con el plan para ejecutar el golpe, lo que pone en duda la alegada convicción. Resulta difícil creer que Franco le hubiera legado el poder a un rey con veleidades democráticas. Lo que en realidad hizo fue asegurar la perpetuación del régimen utilizando a un individuo dispuesto a todo para convertirse en rey.
Juan Carlos representa sin lugar a dudas la continuidad de un régimen político que fue siempre un acérrimo enemigo de la república. Su función es precisamente impedir el regreso de la república. Por más que se declare democrática, la corona española existe para negarle su existencia a la república y lo de menos es calificar al sujeto que se monta en el trono. Es por ello que la presente coyuntura muestra a una monarquía débil y con crecientes manifestaciones públicas en su contra, difíciles de concebir hace dos décadas. Las silbatinas en los estadios de fútbol, las caricaturas y otras manifestaciones de repudio de la población alternan con el estado de excepción de la figura del rey, inmune a acusaciones o investigaciones de sus actos, colocado en un pedestal anacrónico e insultante para los millones de españoles que han experimentado un empobrecimiento en sus vidas.
La apuesta real es lavar la imagen de la corona con un rostro fresco y joven, ideal para una campaña de imagen que le haga olvidar al pueblo español los agravios sufridos por la soberbia de su monarca. El resultado de semejante esfuerzo dependerá de la fuerza de otra campaña, más prolongada y perversa, que promueve el olvido de los crímenes de lesa humanidad e incluso de genocidio cometidos por la dictadura franquista. Y es aquí en donde radica en realidad la función social de la monarquía: enterrar la atrocidades cometidas contra miles de españoles a lo largo de décadas. En la medida en que la población exija justicia la monarquía sufrirá embates que pueden sacarla de la historia pero que también podrían consolidarla. Si la monarquía se opone a recordar los agravios y juzgar a los responsables de la represión franquista, como lo ha hecho hasta ahora, será rebasada; pero si se suma a la demanda de juicios para los torturadores y asesinos podría recuperar parte de su legitimidad hoy puesta en cuestión.
Sobra decir que los partidos políticos y el entramado institucional del estado español no quieren destapar la cloaca; han dado múltiples señales de que ni siquiera lo quieren discutir a fondo. Basta revisar sus posicionamientos frente al grito callejero ¡Abajo la monarquía. Viva la república! para confirmarlo. Tiene que ser el pueblo español el que imponga condiciones para el regreso de la república. Y ese regreso será en primer lugar para hacerles justicia a los miles de desaparecidos por la dictadura. De otro modo, el franquismo vivirá escondido en la corona. 

viernes, 6 de junio de 2014

Lo que no se dice sobre la abdicación del Rey

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jun05
VINCENÇ NAVARRO
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La abdicación del Monarca, designando a su hijo Felipe como su sucesor en la posición de Jefe del Estado, ha generado toda una serie de eventos predecibles. Entre ellos, el más llamativo e importante es la respuesta unánime del establishment español, definiendo como tal al entrelazado de poderes que dominan los sectores financieros y económicos del país, los políticos que gobiernan el Estado, y los ideológicos y mediáticos que promueven los valores que lo sustentan, desde la Iglesia a los medios de información y persuasión. Este establishment se ha movilizado en bloque para expresar su agradecimiento al Monarca por habernos traído la democracia, tras una Transición que definen como modélica, añadiendo un elogio, igualmente unánime, hacia el que será nuevo Rey de España, Felipe VI, al que consideran como una figura perfecta para tutelar los cambios que consideran necesarios para asegurar la permanencia de este establishment en el poder. Contradiciendo la narrativa de su discurso oficial -según la cual el Rey es una mera figura simbólica-, esta estructura de poder pide al nuevo Rey que dirija los nuevos cambios que el país (es decir, sus intereses particulares) necesita, tal como hizo el que hoy abdica durante la Transición. La gran portada del principal rotativo de España, El País, así lo exigía, en su titular “El Rey abdica para impulsar las reformas que pide el país”, añadiendo, por si alguien no lo interpretaba bien, que el Príncipe de Asturias tiene la madurez necesaria para asumir esa responsabilidad. El País, hoy dirigido por una persona claramente de derechas (ver mi artículo “El sesgo profundamente derechista de Antonio Caño, el nuevo director de El País”, Público, 24.02.14), habla cada vez más claro y transparente en nombre de este establishment. Que conste, pues, que tal establishment nunca vio al Rey como una mera figura simbólica, sino como un garante de su poder.
La predecible unanimidad
Reflejando la inexistente diversidad ideológica de los grandes medios de información españoles, su respuesta a la abdicación ha sido unánime, variando solo en el grado de vasallaje que han expresado en su admiración hacia el Monarca y su entusiasmo hacia su heredero. Este comportamiento señala, una vez más, la enorme distancia existente en España entre el establishment (incluyendo el mediático) y la población. Según la última encuesta del CIS (abril de este año), la Monarquía es una de las instituciones menos populares existentes en España. En una escala de 0 a 10, la valoración es de 3,7. Es interesante subrayar que esta baja valoración existe a pesar del apoyo prácticamente unánime de los mayores medios de difusión a la Monarquía. Esta distancia aparecerá también de una manera clara en la votación de las Cortes españolas, donde nada menos que el 90% de los parlamentarios votará a favor de la transferencia de poderes del Rey Juan Carlos a Felipe. Lo que las encuestas señalan es que el porcentaje de la población que favorece la continuidad de la Monarquía es mucho menor que ese porcentaje, siendo incluso muy minoritario entre la juventud. Ello es un indicador más, de los muchos ya existentes, de la enorme distancia entre las Cortes españolas y el sentir de la mayoría de la ciudadanía en este país, incluyendo la juventud.
El porqué del deterioro del apoyo popular a la Monarquía
Muchas han sido las causas de este deterioro, que ha sido gradual, aunque se ha acentuado más a medida que el establishment español y su Estado también han ido perdiendo apoyo (e incluso legitimidad, en la medida en que muchas de las políticas públicas impuestas por el Estado a la población carecen de mandato popular, tales como los recortes) entre la ciudadanía. El conocido eslogan del movimiento 15M “no nos representan” es ampliamente percibido como acertado por la gran mayoría de la ciudadanía española. La Monarquía está perdiendo popularidad, pues, a la vez que todas las instituciones del establishment español, el cual es plenamente consciente de esta situación y está sumamente preocupado. Nunca antes se había dado, durante el periodo postdictatorial, una agitación social y política que expresara un descontento generalizado tan profundo. Y hace solo unas semanas hubo en Madrid una de las mayores protestas que esta ciudad haya visto (según observadores extranjeros, creíbles en sus reportajes, la multitud estaba entre un millón y medio y dos millones de personas), con población venida de toda España, para manifestarse contra las políticas que está imponiendo el Estado, que carecen de mandato popular y que cuestionan su legitimidad. Y no pasó desapercibido para este establishment que la bandera más enarbolada en dicha manifestación fuera la bandera republicana, que se ha convertido en el símbolo de la España que se desea como alternativa a la existente.
¿Por qué ahora la abdicación?
La abdicación es un intento de revertir el descenso de la popularidad de la Monarquía y, con ella, del establishment español. Refleja su enorme preocupación sobre la viabilidad del sistema político establecido durante la Transición inmodélica, realizada bajo el enorme dominio de las fuerzas conservadoras, que controlaban y continúan controlando el Estado. Ello explica la recurrente apelación a la Constitución española, denominada la Carta Magna (que esas fuerzas dominaron y tutelaron en su desarrollo), como fuente de cualquier legitimidad, presentándola como un documento pactado entre los sucesores de los que ganaron la Guerra Civil (que tenían todo el poder) y los que la perdieron (que acababan de salir de la clandestinidad), y que sería interpretada, en última instancia, por el Tribunal Constitucional, dominado por las fuerzas conservadoras. De ahí la constante referencia a la Constitución como marco que define lo que es o no aceptable por dicho establishment.
Además de la concienciación, por parte del establishment español, de la necesidad de intentar recuperar la popularidad de la Monarquía (y, por tanto, del establishment) mediante la abdicación del Rey, había y hay una sensación de urgencia, de que tenía que ocurrir pronto. Y un factor que explica esta sensación de urgencia fue el conocimiento de que el bipartidismo, que ha jugado un papel clave en la estabilidad del sistema político, se está resquebrajando, y ello a pesar de que la ley electoral (escasamente proporcional, y que facilita tal bipartidismo) continua vigente. El resultado de lo que ocurrió en las elecciones al Parlamento Europeo era predecible. Ello implicaba que algo debía hacerse, y pronto, pues una alianza de los partidos a la izquierda del PSOE y una posible rebelión de las bases de ese partido contra sus élites gobernantes podrían imposibilitar el consenso institucional existente en las Cortes y dificultar un cambio en la persona que ocupará la posición de Jefe del Estado. De ahí la urgencia de que se hiciera lo más pronto posible. Es más, el establishment es plenamente consciente de que cualquier alargamiento del proceso de transición de Juan Carlos I a Felipe VI podría dar pie a una movilización popular que cuestionase el hecho de que al pueblo español nunca se le haya dado la posibilidad de votar específicamente sobre la bondad de estar gobernados por un sistema monárquico o por uno republicano. La voluntad expresada en el referéndum sobre la Constitución incluía muchas otras dimensiones, además de este elemento, en un momento en el que las alternativas eran la continuación de la dictadura o el establecimiento de una democracia muy incompleta, regida por un Estado muy poco representativo y con una escasísima dimensión social, consecuencia de que el pacto que condujo al establecimiento de ese nuevo sistema político estuviera basado en un enorme desequilibrio de fuerzas.
La petición democrática
El claro hartazgo de la mayoría de la ciudadanía española hacia las instituciones democráticas, reflejadas en el Estado español, se basa no en una oposición a la democracia (maliciosamente definida la oposición a tal Estado como movilizaciones antisistema), sino en la enorme tergiversación de la democracia llevada a cabo por parte de la clase política y funcionarial que controla y gobierna dicho Estado. Es un hartazgo que exige mayor, no menor, democracia, rompiendo con las estructuras, prácticas e ideologías heredadas de la dictadura y que se perpetuaron en el Estado postdictatorial, resultado de una Transición inmodélica por lo enormemente desequilibrada que fue. En contra de la enorme idealización que se ha hecho de la Transición (a la cual ha contribuido el mundo académico y mediático), tal proceso no significó una ruptura con el régimen anterior. Todo lo contrario, fue la incorporación dentro del Estado de elementos democráticos de carácter representativo (muy limitados por una ley electoral escasamente proporcional, favorable a las fuerzas conservadoras, que fomentaba el bipartidismo) bajo el dominio de los herederos del régimen dictatorial. Pero no hubo ningún tipo de ruptura o purga, estableciéndose una clara continuidad del establishment español, liderado por el Monarca.
Una pieza clave en su perpetuación fue el aparato dirigente del PSOE que, al beneficiarse del bipartidismo, pasó a ser uno de sus máximos defensores. Hay que subrayar que el sistema electoral les benefició como partido (aunque menos que al Partido Popular), pero no como proyecto, pues las estructuras de poder financiero y económico que han dominado el aparato del Estado durante este periodo democrático han dificultado el desarrollo del proyecto socialista. Es cierto que el enorme déficit social heredado de la dictadura disminuyó (aunque no desapareció) durante los mandatos del PSOE. Pero este no tuvo la suficiente fuerza o la necesaria vocación transformadora para cambiar sustancialmente aquella enorme influencia del poder financiero y económico, que configura en España lo que es “posible” o “razonable”. El gasto público social por habitante en España continúa estando entre los más bajos de la Unión Europea de los Quince.
Hoy, la población española está harta y enfadada con este Estado y con la casta política que lo ha estado gobernando. Las encuestas así lo muestran, un hastío y rechazo que es mayoritario entre la juventud. La esperanza de aquel establishment es que un Rey joven pueda ayudar a diluir tal enfado y rechazo. En una respuesta desesperada, acompañada, por cierto, con un aumento muy notable de la represión por parte del Estado.
Frente a esta situación, las fuerzas auténticamente democráticas deberían movilizarse para exigir una ruptura con aquel Estado, que significó la continuación de muchos de los aparatos y personajes del Estado dictatorial, y el establecimiento de una democracia real que tenga elementos representativos basados en un sistema auténticamente proporcional (que garantice la misma capacidad de decisión en la gobernanza del país a cada ciudadano) y elementos de democracia directa, es decir, que los ciudadanos tengan el poder de decidir a través de referéndums vinculantes a todos los niveles del Estado temas como, entre otros, el de tener una Monarquía o una República. Ni que decir tiene que el establishment se opondrá a muerte a estos cambios. Este establishment es una continuación directa del que realizó el golpe militar en 1936. Pero si las fuerzas democráticas se unieran en este propósito, poniendo las necesidades de la ciudadanía por encima de sus intereses partidistas, con una amplia coalición de movimientos sociales (desde sindicatos a asociaciones de vecinos, entre otros muchos) y partidos políticos auténticamente contestatarios, comprometidos con la democracia y defensores de la soberanía de los distintos pueblos y naciones de España frente a los falsamente “patriotas” que dócilmente han servido a los intereses extranjeros, podrían movilizar a la mayoría de la población frente a una minoría que gobierna y que no tiene hoy legitimidad para hacerlo.

miércoles, 28 de mayo de 2014

La intervención de Estados Unidos y la OTAN en Ucrania

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El magnate Soros admite su implicación en el golpe de Estado en Ucrania

Publicado: 28 may 2014 | 9:07 GMT Última actualización: 28 may 2014 | 9:07 GMT
El multimillonario estadounidense George Soros reconoció que es responsable de establecer una fundación en Ucrania que contribuyó al derrocamiento del gobernante legítimo y a la toma del poder por una junta 'elegida' por el Departamento de Estado.
Según un periodista de la cadena CNN que entrevistó a Soros, "una de las cosas que muchas personas reconocen [sobre él] fue que durante las revoluciones de 1989 financió actividades de los disidentes y grupos de la sociedad civil en el este de Europa, Polonia y la República Checa", algo por lo que le planteó la siguiente pregunta: "¿Está usted haciendo cosas similares en Ucrania?".
  Creé una fundación en Ucrania que ha jugado un papel importante en los acontecimientos actuales

"Creé una fundación en Ucrania antes de que se independizara de Rusia. Y la fundación ha estado funcionando desde entonces y ha jugado un papel importante en los acontecimientos actuales", respondió Soros.

El portal InfoWars publicó que es bien sabido, aunque muchos medios de comunicación evitan mencionarlo, que Soros ha trabajado estrechamente con la USAID, la Fundación Nacional para la Democracia (que ahora hace trabajos anteriormente asignados a la CIA), el Instituto Republicano Internacional, el Instituto Nacional Demócrata para Asuntos Internacionales, la Casa de la Libertad (Freedom House) y el Instituto Albert Einstein con el fin de incitar a una serie de revoluciones 'de colores' en Europa Oriental y Asia Central tras la disolución de la Unión Soviética.

Muchos de los participantes en manifestaciones del Euromaidán en Kiev eran miembros de ciertas ONG o fueron entrenados por las mismas organizaciones no gubernamentales en los numerosos talleres y conferencias patrocinados por la Fundación del Renacimiento Internacional de Soros (IRF, International Renaissance Foundation), y por los diversos institutos y fundaciones de la Sociedad Abierta (Open Society), publica el portal The New American. La IRF, fundada y financiada por el multimillonario, se jacta de que ha hecho "más que cualquier otra organización" para "la transformación democrática" de Ucrania, agrega.

No obstante, esta transformación llevó a una situación en la que ultranacionalistas controlan los servicios de seguridad de Ucrania. En abril se anunció que el secretario del Consejo de la Seguridad Nacional y de Defensa de Ucrania, Andréi Parubiy, y otros líderes del golpe de Estado estaban trabajando con el FBI y la CIA para derrotar a los que se oponen al Gobierno autoproclamado.

Además, indica Inforwars, la operación militar de Kiev con su carácter violento, incluyendo el incendio en la Casa de los Sindicatos en Odesa que se saldó con decenas de muertes, también se puede atribuir directamente al activismo de George Soros y de diversas organizaciones no gubernamentales. 


Texto completo en:http://actualidad.rt.com/actualidad/view/129418-soros-admite-responsabilidad-golpe-conflicto-ucrania

miércoles, 26 de febrero de 2014

Reunión IU-Podemos

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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf26-02-2014

Nadie sobra en la tarea de construir una democracia en la que haya sitio para todas y todos

Carolina Bescansa, Miguel Urbán y Pablo IglesiasPúblico.es



Somos conscientes de que, siendo uno de los objetivos del nacimiento de Podemos la búsqueda de la unidad de las fuerzas políticas confrontadas con la Troika, la reunión con Izquierda Unida tenía necesariamente que generar un gran interés. De todos los titulares de prensa surgidos de la reunión que mantuvimos ayer con los compañeros de IU, quizá el único respetuoso, tanto con el comunicado conjunto que se hizo público, como con las declaraciones que hicimos, fue el de Tercera Información: “IU y Podemos remarán juntos aunque no haya convergencia electoral”.
Muchas personas siguen planteándonos dudas, así que procedemos a hacer algunas aclaraciones para poder seguir dedicando nuestros esfuerzos, junto a una ciudadanía que quiere hacer las cosas de otra manera, a superar los zarpazos que está recibiendo nuestra democracia.
¿De qué hablamos en la reunión?
La mayor parte de la misma fue un intercambio de pareceres sobre la situación política que vive nuestro país. Tanto los compañeros de IU como nosotros, compartimos el diagnóstico sobre el agotamiento de los consensos políticos del régimen del 78 y la necesidad de conformar un gran bloque social y político capaz generar mayorías políticas que, a nuestro juicio, ya existen a nivel social. Para nosotros es hora de abrir un proceso constituyente para lo que creemos que no es suficiente la suma de siglas sino el empoderamiento político de la ciudadanía mediante su participación activa y cotidiana.
¿Qué acordamos?
Establecer un protocolo de relaciones para trabajar conjuntamente en el conflicto social y apoyar a los movimientos sociales y ciudadanos, porque pensamos que las alternativas no sólo se construyen en las elecciones sino ejerciendo la democracia día a día. Nos vamos a encontrar en las calles.
¿Se habló de listas para las elecciones europeas?
IU expuso el modo en el que están trabajando: protagonismo de los militantes de su organización y acuerdos con formaciones políticas nacionalistas de izquierdas. Podemos expuso el modo en el que estamos trabajando nosotros y nosotras: primarias abiertas y participación ciudadana sin control de censos y creación de círculos como espacio de empoderamiento popular donde la ciudadanía tenga la última palabra. Seguiremos invitando a las gentes de IU y de otras organizaciones políticas y movimientos sociales a presentarse a las primarias abiertas para que sea la gente quien decida.
¿Nos parece interesante seguir debatiendo de estas cuestiones con IU y otros actores?
Nos parece conveniente (es una de nuestras obligaciones: terminar con la fragmentación y poder sumar allí donde otros tienen grandes dificultades para seguir creciendo) aunque, como señalábamos en el comunicado “en ningún caso el resultado de estos debates condicionará la apuesta por el trabajo conjunto de IU y Podemos. Que ambas fuerzas reman en la misma dirección está fuera de discusión para nosotros”. Del mismo modo, seguiremos hablando de todas estas cuestiones con el amplio y diverso grupo de organizaciones sociales y políticas en el marco de las conversaciones iniciadas en la segunda fase de Podemos. 
¿Se presenta probable un acuerdo de listas?
Desde el máximo respeto a los mecanismos democráticos que está practicando IU, parece difícil que su metodología sea compatible con las primarias y la participación abierta que es la principal señal de identidad para Podemos. Nosotros nos debemos a nuestra metodología porque estamos convencidos de que sólo devolviendo a la ciudadanía la responsabilidad, podremos construir una mayoría.
¿Significa esto que la reunión es un fracaso?
En ningún caso. Para nosotros la reunión ha sido muy positiva. Ha quedado claro que remamos en la misma dirección, que vamos a seguir hablando, que vamos a dialogar sobre los programas, sobre su forma de elaboración, sobre las elecciones y sobre “los criterios para apostar por fórmulas de unidad y convergencia en defensa de la democracia y contra las políticas de la Troika”. Sabemos que es más lo que nos une que lo que nos separa.
Lo hemos dicho muchas veces; para nosotros lo importante es que, en estas elecciones, el método participativo sea un instrumento para ilusionar y movilizar a la gente. Nos gustaría que todos los compañeros lo compartieran pero si no es así, para nosotros es crucial seguir remando juntos y colaborando. El camino será muy largo y las europeas son sólo una etapa en el camino para construir la democracia. Nadie sobra en la tarea de construir una democracia en la que haya sitio para todas y todos.
Fuente: http://blogs.publico.es/pablo-iglesias/845/reunion-iu-podemos/

jueves, 30 de enero de 2014

Mientras aumentan los desahucios, cada español ha prestado 5.500 euros a los bancos para tapar su pufo inmobiliario

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JOSE LUIS GORDILLO





 Periodismo Humano




Las ayudas del Estado al sistema financiero, en forma de avales, créditos o subvenciones, superan ya los 200.000 millones y se estima que al menos un tercio se perderán, pagándolos la ciudadanía. Los desahucios sin embargo no se frenan y alcanzan ya a 400.000 familias en estos cinco años de crisis.
La burbuja inmobiliaria de la década 1998-2008 ha provocado en el sistema financiero español un agujero de unos 250.000 millones de euros, prácticamente impagable para los bancos, casi todos, que asumieron el riesgo de financiar la construcción de casas, urbanización de suelos y compra de terrenos para una demanda ficticia. El Estado español ha ido en su auxilio otorgándoles ayudas, en forma de avales, créditos, subvenciones o participaciones de capital, por un valor superior a los 200.000 millones de euros, según diversas estimaciones. Eso significa que cada ciudadano mayor de 18 años residente en España ha prestado ya a los bancos 5.500 euros para tapar su pufo inmobiliario, lo que paradójicamente no ha conseguido frenar la sangría de 400.000 desahucios de familias desalojadas de esas mismas viviendas.
Existe bastante confusión y opacidad en los datos oficiales sobre ayudas directas o indirectas a los bancos. Sin embargo, algunas estimaciones realizadas por expertos coinciden en su diagnóstico. Un estudio publicado por ATTAC Madrid (http://www.attacmadrid.org/?p=10599) revela que las ayudas públicas a la banca ascenderían actualmente a 219.397 millones de euros. De esta cantidad, 59.130 millones son inyecciones directas de capital a Bankia (22.425), Catalunya Caixa (12.052), NovaCaixaGalicia (9.052), Banco de Valencia (5.500), CAM (5.249), CCM (1.650), Mare Nostrum (1.645), Unnim (953) y Caja España (604).
En segundo lugar están los llamados esquemas de protección de activos, ante las posibles pérdidas de determinadas entidades con problemas que han sido adquiridas por otras más solventes. Significan, según este estudio, 28.267 millones más garantizados por las arcas públicas para las operaciones Banco de Sabadell-CAM (16.610 millones), BBVA-Unnim (4.440), CaixaBank-Banco de Valencia (4.350), Liberbank-CCM (2.475) y Kutxabank-Cajasur (392).
A esto hay que añadir la factura que nos espera por el denominado banco malo, la SAREB, que se ha hecho cargo de los activos tóxicos del conjunto del sistema financiero: viviendas vacías, por terminar o suelos por edificar. La deuda garantizada más el capital aportado por el Estado, y descontado el privado, suma 48.546 millones. Se supone que gran parte de este dinero se recuperará, por la venta de estos bienes inmobiliarios a precio de saldo. Lo mismo ocurre con la adquisición de activos financieros por parte del Estado, que ha ascendido a 19.342 millones.
Y por último están los 64.112 millones en avales. Se trata de deuda emitida por las entidades financieras avaladas por el Estado, que no es dinero líquido en sí, y que por el momento no cuenta como deuda pública. Sólo lo haría en caso de impago, lo cual es probable en muchos casos teniendo en cuenta que buena parte de esos avales han respaldado emisiones de deuda de entidades casi en ruinas, como Bankia, Catalunya Caixa y NovaCaixaGalicia.
Otras estimaciones elevan aún más la factura pública del rescate a la banca española. El ex ministro de Trabajo y actual diputado socialista en el Congreso, Valeriano Gómez, la calcula en 232.000 millones de euros. Según sus cuentas, las ayudas públicas directas para la solvencia de las entidades financieras ascienden a 61.000 millones de euros, a lo que hay que añadir 36.000 millones de posibles futuras pérdidas cubiertas por el Fondo de Garantía de Depósitos, más el déficit originado por la venta de las entidades nacionalizadas (Bankia, Catalunya Caixa, NovaCaixaGalicia y Banco de Valencia), que según sus previsiones pueden ser de unos 35.000 millones, y por último unos 100.000 millones en avales, contabilizando también los últimos 30.000 concedidos por el Gobierno el pasado mes de noviembre.
¿Cuánto de este dinero se recuperará? Pues las estimaciones no son muy halagüeñas, puesto que el Fondo de Reestructuración y Ordenación Bancaria (FROB) podría tener que asumir pérdidas por al menos un tercio de estos 200.000 millones. Pérdidas que de hecho ya se vienen produciendo desde 2010 y que están siendo pagadas por los ciudadanos en forma de recortes sociales y subidas de impuestos, ya que, por otra parte, la política de austeridad impuesta por Alemania en la UE obliga a ir rebajando progresivamente el déficit público. La predicción que lanza Gómez es aún más pesimista, pues eleva el coste total a futuro del rescate bancario para la ciudadanía a 150.000 millones, un 15 por ciento de nuestro Producto Interior Bruto (PIB). Luego los recortes sociales, bajada de sueldos y subidas de cotizaciones e impuestos aún no habrían acabado.
Curiosamente, este enorme caudal público de ayudas a un sector privado, sin precedentes en la historia de España, no ha ido acompañado de contraprestaciones hacia la población en la actuación bancaria. Ni ha vuelto a fluir el crédito con suficiente fuerza ni se han parado los desahucios de familias que no pueden pagar porque se han quedado en paro y porque la cuota de su hipoteca es bastante elevada, problemas ambos provocados por esa misma burbuja inmobiliaria. Todo lo contrario. El Gobierno ha impugnado insistentemente la legislación antidesahucios aprobada por la Junta de Andalucía, hasta que ha conseguido paralizarla en el Tribunal Constitucional, con la justificación de que ponía en peligro la reestructuración bancaria.
De esta forma, los desalojos de familias que se quedan en la calle siguen produciéndose a diario. Según la Plataforma de Afectados por la Hipoteca desde que se inicie en rigor la crisis, en 2008, y hasta finales de 2012, se habían producido en nuestro país 362.776 desahucios. A ello hay que sumar los del cuatro trimestre de ese año más los del primer semestre de este año 2013, cuando, según los datos del Banco de España, se han entregado a entidades financieras 35.098 viviendas por falta de pago, la mitad de manera voluntaria y la otra mitad mediando un desalojo forzoso. En total, unas 400.000 familias expulsadas de sus hogares.

El PP, en "franco" retirada

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Opinión

Rafael González Morera

El PP, en "franco" retirada

La espantá de Jaime Mayor Oreja como líder parlamentario europeo del Partido Popular, renunciando a revalidar su cargo en mayo 2014, la “huida” de Alejo Vidal Quadras al nuevo partido de extrema derecha Vox, que lidera el excarcelero Ortega Lara, la explosiva situación que atraviesa el ministro de Formación del Espíritu Nacional, José Ignacio Wert, que tuvo que salir escoltado y custodiado al aeropuerto de Los Rodeos porque en La Laguna casi se lo comen, la “contestación” interna del ministro de Injusticia, Alberto Ruíz Gallardón incluso dentro de las filas “populares” a cuenta de la revisión y destrucción de la Ley del Aborto impidiendo que las mujeres decidan libremente sin ninguna imposición, las auténticas barbaridades de la alcaldesa de Madrid, Ana Botella, que sigue siendo el hazmerreir de toda la clase política incluso de la suya, el patinazo de José Manuel Soria a cuenta de las tarifas de las eléctricas, el descubrimiento por varios medios de comunicación que el ministro de Defensa, Pedro Morenés, que presuntamente sigue siendo directivo de varias empresas fabricante de armas, y además un presunto vendedor de minas antipersonas, y el patinazo del PP de Madrid con la Sanidad, derrotado Ignacio González, el sucesor de Esperanza Aguirre, por la “marea blanca” de médicos y enfermeras, todo esto y muchas cosas más que me haría una lista muy grande, tienen al PP en sus horas más bajas, sin entrar a analizar ahora lo que le viene a Mariano Rajoy con el problema de Cataluña, del cual Rajoy seguro que no es la solución. Con todo esto, el PP está en “franco” retirada.
Estoy tomándome un cortado en la Plazoleta de Farray  con mis nietos, cuando llega la vecina del quinto con sus hijos, y al esbozarle mis cuitas de principios de año, va y me suelta su acostumbrada filípica. “No me venga con chorradas y falsas esperanzas. Lo grave es que es cierto lo que usted me plantea, que el PP está en horas muy bajas, lo de “franco” retirada vamos a dejarlo estar, pero pese a estar en evidente debilidad, el PSOE no acaba de arrancar, y por otra parte la izquierda a la izquierda de los psocialistas, es decir, Izquierda Unida y el Frente Amplio, Sí se puede, Canarias por la Izquierda, y largo etcétera, siguen mirándose el ombligo, cada cual quiere seguir mandando en su pequeño kiosko, son felices con liderar un grupito de diez o doce camaradas, y así les va a ir incluso en las europeas”.
Por un momento se calla para increpar a uno de sus hijos que casi se cae en la fuente de Farray, y a renglón seguido pide un Martini. “Mire, lo peor de todo no es lo que me plantea de ministros del Gobierno de Rajoy que están en horas críticas, lo peor de todo es que hay ministr@s que están aliados con la Iglesia Católica, y agüita con lo que viene. Sin ir más lejos mire como la ministra de Empleo y Seguridad Social, Fátima Bañez, ha invocado a la Virgen del Rocío para que saque a España de la crisis. Y por si fuera poco el ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, ha recurrido a Santa Teresa de Jesús para que se dedique a los mismos menesteres, que nos saque del pozo en el que estamos viviendo. Incluso me han dicho que el  tal Fernández Díaz recurrió el Cristo de La Laguna para que la semana pasada protegiese a su colega José Antonio Wert, al que casi cuelgan en La Laguna.
A este paso los muy religiosos ministros del Partido Popular, incluido el tal Gallardón, van a pedir a Rajoy que dimita y nombrar presidente de España a Rouco Varela”. Le digo que ya está bien de decir barbaridades, y me suelta la última: “Pues hágame el favor de ponerme la última, que estoy muy cabreada con José Manuel Soria, porque no ha tenido la iniciativa de pedirle a la Virgen del Pino que salve a España de los rojos que vienen en 2015”. Y se fue corriendo a la fuente de Farray, porque el hijo más pequeño se le cayó al agua.