lunes, 5 de diciembre de 2011

Seis sorprendentes revelaciones sobe el “gobierno secreto” de Wall Street

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LES LEOPOLD


AlterNet

Traducido del inglés para Rebelión por Germán Leyens




Ahora tenemos la evidencia de que Wall Street y Washington utilizan un gobierno secreto muy alejado del proceso democrático. Mediante una solicitud según la ley de libertad de información de Bloomberg News, el público tiene ahora acceso a más de 29.000 páginas de documentos de la Reserva Federal (Fed) y a 21.000 transacciones adicionales de la Fed que se ocultaron deliberadamente, y por buen motivo. (Vea aquí.)

Estos documentos muestran que altos funcionarios del gobierno ocultaron intencionalmente al Congreso y al público la verdadera dimensión de los rescates de 2008-2009 que enriquecieron a unos pocos y favorecieron los intereses de gigantescas firmas de Wall Street. Lo que sabemos ahora es lo siguiente:

Los rescates secretos de Wall Street totalizaron 7,77 billones (millones de millones) de dólares, 10 veces más de los 700.000 millones de dólares del programa de rescate TARP aprobado por el Congreso en 2008.
El conocimiento de los fondos secretos del rescate no se compartió con el Congreso ni siquiera éste redactaba y debatía la legislación para fraccionar los grandes bancos.
El financiamiento secreto suministrado a tasas inferiores al mercado dio a Wall Street otros 13.000 millones de dólares de beneficios. (Es suficiente dinero para contratar a más de 325.000 maestros de primaria)
Los fondos secretos financiaron fusiones de bancos de modo que los principales bancos crecieron aún más. El dinero también permitió que los bancos aumentaran sus trabajos de cabildeo.
Mientras Henry Paulson (secretario del Tesoro de Bush) informaba al Congreso y al público de que solo se requerían reformas menores para proteger del colapso a Fanny Mae (Federal National Mortgage Association y Freddie Mac (Federal Home Loan Mortgage Corporation), se reunió en secreto con destacados administradores de hedge funds de Wall Street –entre ellos sus ex colegas de Goldman Sachs– para alertarlos de que estaba a punto de nacionalizar las gigantes compañías hipotecarias, una acción que erradicaría casi todo el valor bursátil de las compañías. Esta información era de un valor inmenso ya que permitiría que esos hedge funds vendieran en descubierto Fannie y Freddie y al hacerlo ganaran una fortuna.
Mientras Timothy Geithner era jefe de la Reserva Federal de Nueva York, argumentó contra los esfuerzos legislativos del senador Ted Kaufman, demócrata de Delaware, para limitar el tamaño de los bancos porque el tema era “demasiado complejo para el Congreso y esas decisiones deberían ser manejadas por gente que conoce los mercados”, recuerda Kaufman. Mientras tanto, Geithner era perfectamente consciente de los enormes préstamos secretos, mientras al senador Kaufman se le ocultaba este hecho. Barney Frank, quien redactaba legislación clave sobre la reforma bancaria, tampoco fue informado sobre los préstamos secretos. No se informó a nadie del Congreso.
¿Qué significa todo esto?



1. Los grandes bancos y hedge funds tenían muchos más problemas de los que nos hicieron creer.

Como muchos sospechábamos, todos los grandes bancos estaban de rodillas pidiendo ayuda –en secreto– mientras decían a sus inversionistas, al público y al Congreso que todo iba bien. Habían jugado y habían perdido. Según las reglas del capitalismo ideal, deberían haber sufrido una cierta ‘destrucción creativa’, el valor de sus acciones eliminado por la bancarrota y sus administradores reemplazados. Todo el sistema bancario también debería haberse reorganizado de arriba abajo. En vez de eso esas colosales irregularidades recibieron recompensas en secreto.

2. El gobierno secreto de Wall Street se aseguró de que los principales bancos crecieran aún más, con la ayuda del financiamiento secreto.

Mientras el Congreso discutía la legislación para fraccionar los grandes bancos y reinstituir Glass Steagall (para separar la banca de inversiones riesgosas de la banca comercial asegurada), el gobierno secreto utilizaba fondos públicos para que crecieran aún más mediante fusiones a pesar de la mala salud de todos los bancos y la legislación se derrotó fácilmente. Como muesta dolorosamente el gráfico, los bancos demasiado grandes para quebrar crecieron aún más.

Activos de los seis bancos principales (en billones de dólares)







3. Cuanto más grande llegue a ser Wall Street, más puede comprar al gobierno.

Esta parte no es secreta. Cuanto más crecieron los seis bancos principales, más fondos gastaron en cabildeo para asegurarse de que no sufrirían impactos contra la rentabilidad por parte de la legislación de la reforma bancaria. Por lo tanto, mientras los principales bancos recibían cientos de miles de millones de dólares en préstamos secretos, aumentaban sus fondos de cabildeo para mantener su tamaño y su poder. Leedlo y llorad:

Gastos de cabildeo de los seis principales bancos (en millones de dólares)









4. El gobierno secreto de Wall Street protege a los suyos.

Al principio cuesta comprender que el secretario del Tesoro Paulson, ex jefe de Goldman Sachs, se arriesgase a asistir a una reunión secreta con administradores de gigantescos hedge funds, muchos de los cuales solían trabajar en Goldman Sachs. ¿Cómo pudo atreverse el funcionario de finanzas más importante de la nación a dar información confidencial a esas elites de los hedge funds sobre la inminente absorción de Fannie and Freddie por el gobierno antes de informar al Congreso y al público? Bueno, una respuesta es que Paulson se sintió obligado a advertir a sus antiguos compinches de la inminente nacionalización. Tal vez quería ponerlos fuera de peligro en caso de que estuvieran fuertemente involucrados en esos mercados. O tal vez también quería darles una información muy valiosa para que se beneficiaran. Pero la explicación más profunda, creo, es que funcionarios gubernamentales clave de Wall Street, Paulson, Summers, Geithner, Orszag (el ex jefe de la OMB (Oficina de Administración y Presupuesto) de Obama, que gana millones trabajando para Citigroup), etc. creen verdaderamente lo siguiente:

Los bancos de Wall Street son los mejores del mundo y están en la vanguardia de la economía estadounidense. Son nuestro futuro.
Los banqueros de Wall Street y los administradores de los hedge funds son inmensamente más listos y astutos que el resto de nosotros. Merecen nuestra admiración.
La ayuda a que Wall Street crezca y prospere es precisamente lo mismo que la ayuda a todos los estadounidenses y a toda la economía. Merecen nuestro apoyo.
Las reuniones secretas para suministrar información confidencial son algo normal en Wall Street. No hay nada de malo si uno advierte a sus amigos de futuras decisiones políticas que podrían afectar sus beneficios.
No hay absolutamente nada de malo en el suministro de billones de dólares de préstamos secretos a los mejores y más brillantes sin informar al Congreso al respecto.
Todo es un ciclo cerrado de autojustificación y autoengaño: Wall Street es brillante. Lo que hace Wall Street es por el bien del país. Ayudar a que Wall Steer tenga beneficios es bueno para el país. Ocultar la verdad a los dirigentes elegidos democráticamente también es bueno para el país porque Wall Street es brillante y lo sabe mejor.

Y de todo esto están convencidos profundamente Wall Street y su gobierno secreto, incluso si Wall Street, y solo Wall Street, derrumbó la economía y destruyó 8 millones de puestos de trabajo en cosa de meses. ¡Simplemente brillante!

5. Wall Street es un peligro evidente y presente para la democracia.

Generalmente no soy alarmista. En los hechos, a menudo argumento contra teorías conspirativas complacientes. Quiero creer que nuestra democracia todavía es promisoria. Pero el crash inducido por Wall Street y la reacción del gobierno me preocupan profundamente. Las revelaciones de Bloomberg News sugieren que el gobierno secreto de Wall Street siente un profundo desdén por lo que subsiste de nuestra democracia. Las elites financieras creen obviamente que no se puede confiar en que el Congreso haga lo correcto, incluso cuando es comprado y pagado para que lo haga por los mismos bancos que supuestamente regula. ¿Y en cuanto al resto de nosotros? No somos más que una masa analfabeta en lo financiero a la que hay que manipular a través de los medios de comunicació de masas. Nuestras mentes se pueden comprar y vender mediante un marketing cuidadoso.

Esta arrogancia y corrupción financiera es enormemente corrosiva para nuestros valores democráticos. Muchos estadounidenses ya no confían en su gobierno, y con razón. Muchos estadounidenses ya no votan, y con razón. Muchos estadounidenses creen que la democracia, tal como la conocemos, es una estafa, y con razón. Wall Street no podría haber escrito un guión mejor para mantener su dominación.

6. Ocupad Wall Street básicamente tiene razón, pero no basta.

Los ocupantes atacaron dramáticamente a Wall Street y capturaron la imaginación del país con su marco del 1 por ciento y el 99 por ciento. Y la idea se impone y se extiende. Pero es solo el comienzo. Para recuperar a nuestro país del gobierno secreto de Wall Street tenemos que desarrollar un enorme movimiento dentro del 99 por ciento. Aunque esperamos que suceda espontáneamente mediante Facebook y Twitter, todos sabemos que requerirá mucha organización sería que involucre a millones de nosotros.

Por el momento, nadie sabe qué forma tomará. Pero sí sabemos lo siguiente: las grandes concentraciones de poder y riqueza no renuncian a su poder y riqueza sin una enorme resistencia. El gobierno secreto de Wall Street está más que listo para protegerse, aunque signifique subvertir la democracia. Nuestros ocupantes han mostrado mucho valor al ayudarnos a recuperar nuestros derechos democráticos. Esperemos que se extienda… y pronto.

(*) Les Leopold es director ejecutivo del Labor Institute and Public Health Institute en Nueva York, y autor de The Looting of America: How Wall Street's Game of Fantasy Finance Destroyed Our Jobs, Pensions, and Prosperity – and What We Can Do About It (Chelsea Green, 2009).

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Prima de riesgo

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RAFAEL GONZÁLEZ MORERA







Está visto que la prima de riesgo no respeta ni a los gobiernos de derechas de Europa, y la prueba es que la tal prima se ha llevado también por delante a Silvio Berlusconi. No se trata de una ópera prima, sino un endiablado sistema del capital para vigilar la deuda soberana de los estados. No voy a criticar ahora al sistema capitalista, porque no es políticamente correcto, y porque además en la modernidad el capitalismo ha cambiado de nombre y ahora se denominar “los mercados”. El Partido Popular, con gran habilidad, no habla de la crisis de Italia porque Silvio Berlusconi es un socio de Mariano Rajoy, y no está bien que ahora a pocos días de las elecciones del 20-N, el pueblo empiece a darse cuenta que la crisis económica es mundial, y que no ha sido Zapatero, sino los banqueros, quienes han puesto a España a los pies de las primas.

Zapatero lo que hizo desde mayo de 2010 es explicar mal la dichosa crisis, tampoco le aclaró al pueblo en qué consistía la burbuja inmobiliaria, las hipotecas basura, y en definitiva la debacle que se está produciendo en el capitalismo, perdón, en los mercados financieros. Mientras, el Partido Popular pasa de puntillas por el incendio originado en la eurozona y trata de ignorar la situación creada en Europa, en Irlanda, Portugal, Grecia, Italia, y tanto Miguel Arias Cañete como Cristóbal Montoro eluden hablar de economía, que si lo hacen se quitan la careta de los carnavales.

Las noticias que vienen de la vieja Europa, de la eurozona, son un poco como las del Volcán de El Hierro, cada día más preocupante y todo el mundo está pendiente de cuándo va a estallar, pero eso no lo pueden precisar ni los economistas ni los vulcanólogos. Ahora cuando nos adentramos en este fin de semana, que será el fin político de Silvio Berlusconi, en Italia se discute si su sustituto será Mario Monti, que es un excomisario europeo formado en la Trilateral, y muy amigo de Mario Draghi, actual presidente del Banco Central Europeo (BCE), y exvicepresidente de Golman Sachs, grupo inversor del que también es directivo Mario Monti y que le organizó a Grecia cuando mandaba la derecha (Nueva Democracia) una contabilidad “B” para ocultar la quiebra griega, que viene desde hace años, cuando estaban en el poder los socios griegos de Mariano Rajoy. Ahora Nicolas Sarkozy y Ángela Merkel están preparando un núcleo duro de países europeos que conservarán la moneda única, y otros saldrán de la unión monetaria.

No sé si en años próximos pagaré con euros o con pesetas, no tengo ni idea. Como ven a este paso lo mejor es que manden los banqueros en los gobiernos y los políticos que se jubilen todos con unas pensiones millonarias. Y Barak Obama sin poder cerrar todavía la cárcel de la base de Guantánamo en Cuba, ni lograr una Sanidad universal en Estados Unidos, ni siquiera una Educación pública que no sea gratis únicamente para los que jueguen bien al baloncesto. Qué tendrá que ver una cosa con la otra, dirán ustedes, que relación tendrá Wall Street con Bruselas. Pues sí, ya lo verán en un futuro próximo.


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domingo, 4 de diciembre de 2011

La CELAC ya es una realidad

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CARLOS MARTÍNEZ




Rebelión



La CELAC ha sido una idea asumida por todo un Continente, que busca su unidad, al objeto de construir un mejor presente y futuro para sus pueblos, pero también para hacer emerger en el nuevo sistema-mundo la potencia americana. La Gran Patria Común de los latinoamericanos. Ha sido también el éxito personal de dos hombres, Lula y Hugo Chávez, que han logrado embarcar a todo el gran continente latino y al caribeño, sin excepción.

Es digno de análisis el hecho de que países muy ligados a los EE.UU como México, Chile, Colombia u Honduras, hayan transigido con este baño de libertadores históricos y contemporáneos. Las palabras de Evo Morales denunciando el capitalismo, como causante de la miseria y destructor de la madre tierra. La ideologizada intervención de Correa que citando a Ignacio Ramonet denunciaba a la las empresas y negocios periodísticos que confunden la libertad con sus dividendos y no respetan los resultados electorales, sus críticas al poderoso vecino del norte que alienta conjuras contra los procesos populares. Las agudas, apasionadas, muy movilizadoras y comprometidas palabras del ex guerrillero Pepe Múgica, llamando a que los pueblos de América se comprometan con la CELAC, o las reflexiones antineoliberales que llaman a levantar una gran potencia de justicia, desarrollo sostenible e igualdad entre los latinoamericanos y caribeños de Dilma Russef, se han escuchado en silencio y sin réplicas -en todo caso, intervenciones diplomáticas y de asentimiento incluso- de Colombia o Chile, tal vez el más definido.

Los representantes de los gobiernos negros del Caribe han elogiado a Venezuela y a Cuba. Han orado por la salud de su gran amigo el comandante Chávez y han apoyado las posiciones más progresistas. La República Dominicana, ha predicho que Europa está en una pre-revuelta social, por culpa del neoliberalismo y los neoliberales de la mesa han callado. Quien calla otorga. De hecho Colombia, muy condescendiente y extremadamente amable con “su hermano Hugo Chávez”, se ha mostrado dispuesta a negociar con las FARC si estás de verdad quieren hacerlo -pero de verdad- y en ese caso pedirá el apoyo del ALBA, dicho con otras palabras.

¿Por qué esto? La respuesta la han dado desde Dilma a Cristina Fernández, pasando por Hugo Chávez, Raúl Castro o Morales y Leonel Fernández, la grave crisis europea y de EE.UU, es su oportunidad. La crisis capitalista que ellos capean hace posible soluciones incluso socialistas como el Presidente indio Morales ha dejado caer. Hay otro mundo, Asia es ahora el centro y con Asia están todos ellos, excepto parte del Caribe y Centroamérica, muy bien posicionados. Son además BRICS y no solo Brasil, Venezuela y Argentina lo son, Colombia apunta a serlo, igual que Perú. Pero también Bolivia ya no es lo que era, ni lo que cuentan en el Reino de España.

Por cierto España -si ha sido nombrada-, lo ha sido en calidad de antigua potencia colonial, en profunda crisis. Ni una palabra para la Cumbre Iberoaméricana. Ni un recuerdo para el Borbón. Ahora lo hispano en el mundo son ellos. Lo mestizo culturalmente ya emergido.

El cambio del mundo se ha notado tanto que los representantes del viejo, allí, han pedido apoyo a sus hermanos. Por ejemplo se ha abordado la lucha contra el narcotrátifico y se ha aprobado una declaración al respecto. Hay de hecho comisiones de inteligencia trabajando al margen del Plan Colombia, que incluyen a Colombia.

Haití ha reconocido lo mucho que le debe a Cuba, y allí -en la CELAC- se ha reparado la injusticia que aquí, en Europa, jamás se menciona. Se ha reconocido la gran labor humanitaria de la isla antillana. Cuba no hace cooperación con lo que le sobra, sino con lo que tiene. En este sentido existe, y se va a profundizar, una cooperación latinoamericana especialmente activa con el Caribe.

Pero el magnífico ex tupamaro, Pepe Múgica, ha dicho alto y claro, que no será un camino de rosas, que empezando por el “próximo al hoyo” todos se dejarán la vida en la construcción de la Patria Grande. Será un arduo trabajo, en el que se pondrán trampas e inconvenientes y que exigirá implicar activamente a la inteligencia y a los pueblos.

Hugo Chávez ha presidido en la patria de Bolívar uno de los sueños del Libertador, y cierto es que le ha salido bien. Ha demostrado talla de estadista, ha sacado el socialista que lleva dentro, ha arremetido contra las derechas y el neoliberalismo y al mismo tiempo ha tratado con mimo y pericia a México, Colombia y Chile. Honduras, no estaba en condiciones de nada, más que de buscar reconciliación y ayuda y Daniel Ortega se la ha brindado.

Hay personas que, por lo que representan, no pasan desapercibidas, pero también porque con su apoyo a la CELAC la consagran, y son Dilma y Cristina, quienes el día antes del inicio sellaban su eje con Venezuela, con Chávez. La sintonía argentina-venezolana es innegable, y Brasil está ahí y ejerce con gran discreción y sutileza su posición de potencia dominante. Por eso ha dejado palmariamente claro que apoya la CELAC, pero también que Europa está haciendo lo contrario de lo que debe hacer, es decir empobrecer a sus pueblos y practicar un neoliberalismo, ya superado, que la hunde más en la recesión.

Raúl Castro, desde la discreción y el comedimiento, tuvo un discurso magistral, al igual que Pepe Múgica.

Ahora quedan cosas que la troika deberá consensuar y preparar, y la dirección del CEPAL que ha quedado está compuesta por Chile, Cuba y Venezuela. Creo que con eso está todo dicho.

Suerte a los pueblos a América Latina y el Caribe. Su suerte será la de los pueblos de Europa, la del Estado español y la de África.

Sugiero que en el Estado español habría que comenzar a exigir un cambio de política exterior o nos quedamos fuera del mundo que llega. Si una idea ha quedado clara es que ellos, el CEPAL y los emergentes, están en el dialogo Sur/Sur.


Carlos Martínez García es ex presidente de Attac España y analista político de la Fundación CEPS

sábado, 3 de diciembre de 2011

La gran regresión

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IGNACIO RAMONET


Le Monde Diplomatique



Está claro que no existe, en el seno de la Unión Europea (UE), ninguna voluntad política de plantarle cara a los mercados y resolver la crisis. Hasta ahora se había atribuido la lamentable actuación de los dirigentes europeos a su desmesurada incompetencia. Pero esta explicación (justa) no basta, sobre todo después de los recientes “golpes de Estado financieros” que han puesto fin, en Grecia y en Italia, a cierta concepción de la democracia. Es obvio que no se trata sólo de mediocridad y de incompetencia, sino de complicidad activa con los mercados.


¿A qué llamamos “mercados”? A ese conjunto de bancos de inversión, compañías de seguros, fondos de pensión y fondos especulativos (hedge funds) que compran y venden esencialmente cuatro tipos de activos: divisas, acciones, bonos de los Estados y productos derivados.


Para tener una idea de su colosal fuerza basta comparar dos cifras: cada año, la economía real (empresas de bienes y de servicios) crea, en todo el mundo, una riqueza (PIB) estimada en unos 45 billones (1) de euros. Mientras que, en el mismo tiempo, a escala planetaria, en la esfera financiera, los “mercados” mueven capitales por un valor de 3.450 billones de euros. O sea, setenta y cinco veces lo que produce la economía real...


Consecuencia: ninguna economía nacional, por poderosa que sea (Italia es la octava economía mundial), puede resistir los asaltos de los mercados cuando éstos deciden atacarla de forma coordinada, como lo están haciendo desde hace más de un año contra los países europeos despectivamente calificados de PIIGS (cerdos, en inglés): Portugal, Irlanda, Italia, Grecia y España.


Lo peor es que, contrariamente a lo que podría pensarse, esos “mercados” no son únicamente fuerzas exóticas venidas de algún horizonte lejano a agredir nuestras gentiles economías locales. No. En su mayoría, los “atacantes” son nuestros propios bancos europeos (esos mismos que, con nuestro dinero, los Estados de la UE salvaron en 2008). Para decirlo de otra manera, no son sólo fondos estadounidenses, chinos, japoneses o árabes los que están atacando masivamente a algunos países de la zona euro.


Se trata, esencialmente, de una agresión desde dentro, venida del interior. Dirigida por los propios bancos europeos, las compañías europeas de seguros, los fondos especulativos europeos, los fondos europeos de pensiones, los establecimientos financieros europeos que administran los ahorros de los europeos. Ellos son quienes poseen la parte principal de la deuda soberana europea (2). Y quienes, para defender –en teoría– los intereses de sus clientes, especulan y hacen aumentar los tipos de interés que pagan los Estados por endeudarse, hasta llevar a varios de éstos (Irlanda, Portugal, Grecia) al borde de la quiebra. Con el consiguiente castigo para los ciudadanos que deben soportar las medidas de austeridad y los brutales ajustes decididos por los gobiernos europeos para calmar a los “mercados” buitres, o sea a sus propios bancos...


Estos establecimientos, por lo demás, consiguen fácilmente dinero del Banco Central Europeo al 1,25% de interés, y se lo prestan a países como, por ejemplo, España o Italia, al 6,5%... De ahí la importancia desmesurada y escandalosa de las tres grandes agencias de calificación (Fitch Ratings, Moody’s y Standard & Poor’s) pues de la nota de confianza que atribuyen a un país (3) depende el tipo de interés que pagará éste por obtener un crédito de los mercados. Cuanto más baja la nota, más alto el tipo de interés.


Estas agencias no sólo suelen equivocarse, en particular en su opinión sobre las subprimes que dieron origen a la crisis actual, sino que, en un contexto como el de hoy, representan un papel execrable y perverso. Como es obvio que todo plan de austeridad, de recortes y ajustes en el seno de la zona euro se traducirá en una caída del índice de crecimiento, las agencias de calificación se basan en ello para degradar la nota del país. Consecuencia: éste deberá dedicar más dinero al pago de su deuda. Dinero que tendrá que obtener recortando aún más sus presupuestos. Con lo cual la actividad económica se reducirá inevitablemente así como las perspectivas de crecimiento. Y entonces, de nuevo, las agencias degradarán su nota...


Este infernal ciclo de “economía de guerra” explica por qué la situación de Grecia se ha ido degradando tan drásticamente a medida que su gobierno multiplicaba los recortes e imponía una férrea austeridad. De nada ha servido el sacrificio de los ciudadanos. La deuda de Grecia ha bajado al nivel de los bonos basura.


De ese modo los mercados han obtenido lo que querían: que sus propios representantes accedan directamente al poder sin tener que someterse a elecciones. Tanto Lucas Papademos, primer ministro de Grecia, como Mario Monti, Presidente del Consejo de Italia, son banqueros. Los dos, de una manera u otra, han trabajado para el banco estadounidense Goldman Sachs, especializado en colocar hombres suyos en los puestos de poder (4). Ambos son asimismo miembros de la Comisión Trilateral.


Estos tecnócratas deberán imponer, cueste lo que cueste socialmente, en el marco de una “democracia limitada”, las medidas (más privatizaciones, más recortes, más sacrificios) que los mercados exigen. Y que algunos dirigentes políticos no se han atrevido a tomar por temor a la impopularidad que ello supone.


La Unión Europea es el último territorio en el mundo en el que la brutalidad del capitalismo es ponderada por políticas de protección social. Eso que llamamos Estado de bienestar. Los mercados ya no lo toleran y lo quieren demoler. Esa es la misión estratégica de los tecnócratas que acceden a las riendas del gobierno merced a una nueva forma de toma de poder: el golpe de Estado financiero. Presentado además como compatible con la democracia...


Es poco probable que los tecnócratas de esta “era post-política” consigan resolver la crisis (si su solución fuese técnica, ya se habría resuelto). ¿Qué pasará cuando los ciudadanos europeos constaten que sus sacrificios son vanos y que la recesión se prolonga? ¿Qué niveles de violencia alcanzará la protesta? ¿Cómo se mantendrá el orden en la economía, en las mentes y en las calles? ¿Se establecerá una triple alianza entre el poder económico, el poder mediático y el poder militar? ¿Se convertirán las democracias europeas en “democracias autoritarias”?


Notas






(1) Un billón = un millón de millones.


(2) En España, por ejemplo, el 45% de la deuda soberana lo poseen los propios bancos españoles, y los dos tercios del 55% restante, los detentan establecimientos financieros del resto de la Unión Europea. Lo cual significa que el 77% de la deuda española ha sido adquirida por europeos, y que sólo el 23% restante se halla en manos de establecimientos extranjeros a la UE.


(3) La nota más elevada es AAA, que, a finales de noviembre pasado, sólo poseían en el mundo algunos países: Alemania, Australia, Austria, Canadá, Dinamarca, Francia, Finlandia, Países Bajos, Reino Unido, Suecia y Suiza. La nota de Estados Unidos ha sido degradada, en agosto pasado, a AA+. La de España es actualmente AA-, idéntica a la de Japón y China.


(4) En Estados Unidos, Goldman Sachs ya consiguió colocar, por ejemplo, a Robert Rubin como Secretario del Tesoro del Presidente Clinton, y a Henry Paulson en esa misma función en el gabinete de George W. Bush. El nuevo presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, fue también vicepresidente de Goldman Sachs para Europa de 2002 a 2005.


Fuente original: http://www.monde-diplomatique.es/?url=editorial/0000856412872168186811102294251000/editorial/?articulo=1f197f01-9a45-4451-81b0-4ffe3a916e07

miércoles, 9 de noviembre de 2011

¿Dónde está la izquierda en esta tormenta económica?

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SERGE HALIMI
Le Monde diplomatique




Mientras el capitalismo vive su crisis más grave desde los años 30, los principales partidos de izquierda parecen mudos y confusos. Como mucho prometen remendar el sistema. Más a menudo intentan demostrar su sentido de la responsabilidad y recomiendan, ellos también, una purga liberal. ¿Cuánto tiempo puede durar este juego político cerrado mientras se inflama la cólera social?
Los estadounidenses que se manifiestan contra Wall Steet también protestan contra sus representantes del Partido Demócrata y de la Casa Blanca. Sin duda ignoran que los socialistas franceses siguen invocando el ejemplo de Barack Obama. Al contrario que Nicolás Sarkozy, el presidente de Estados Unidos ha sabido, según ellos, actuar contra los bancos. Quien no quiere (o no puede) atacar a los pilares del orden liberal (financiarización, globalización de los flujos de capitales y mercados) intenta personalizar la catástrofe, imputar la crisis del capitalismo a los errores de concepción o gestión de su adversario interior. Así, en Francia echarán la culpa a Sarkozy, en Italia a Berlusconi y en Alemania a Merkel. Muy bien, ¿y en otros sitios?

En otros sitios, y no solo en Estados Unidos, los dirigentes políticos presentes durante mucho tiempo como referencias de la izquierda moderada también se enfrentan a las manifestaciones de indignados. En Grecia Georges Papandreu, presidente de la Internacional Socialista, lleva a cabo una política de austeridad draconiana que combina privatizaciones masivas, supresión de empleos en la función pública y entrega de la soberanía de su país en materia económica y social a una «troika» ultraliberal (1). De la misma forma los gobiernos de España, Portugal o Eslovenia también nos recuerdan que el término «izquierda» se ha depreciado hasta el punto de que no se asocia a un contenido político en particular.

Uno de los grandes fiscales del atolladero de la socialdemocracia europea es el portavoz… del Partido Socialista (PS) francés. «Dentro de la Unión europea, revela Benôit Hamon en su último libro, el Partido Socialista Europeo (PSE) está asociado históricamente al compromiso que le une a la Democracia Cristiana en la estrategia de la liberalización del mercado interior y sus consecuencias sobre los derechos sociales y los servicios públicos. Son los gobiernos socialistas los que han negociado los planes de austeridad que gustan a la Unión Europea y al Fondo Monetario Internacional (FMI). En España, Portugal y Grecia, por supuesto, la protesta contra los planes de austeridad se dirige contra el FMI y la Comisión Europea, pero también contra los gobiernos socialistas nacionales (…). Una parte de la izquierda europea solo critica los fallos, igual que la derecha europea, sacrificar el Estado del bienestar para restablecer el equilibrio presupuestario y halagar a los mercados (…). En algunos lugares del mundo fuimos un obstáculo para el avance del progreso. Yo no me resigno» (2).

En cambio otros consideran que esa transformación es irreversible porque tendría su origen en el aburguesamiento de los socialistas europeos y su alejamiento del mundo de los trabajadores.

Aunque también bastante moderado, el Partido de los Trabajadores (PT) brasileño considera que la izquierda latinoamericana debe tomar el relevo de la izquierda del Viejo Continente, demasiado capitalista, demasiado atlantista y cada vez menos legítima cuando pretende defender los intereses populares: «En la actualidad existe un desplazamiento geográfico de la dirección ideológica de la izquierda en el mundo, señalaba el pasado mes de septiembre un documento preparatorio del congreso del PT. En este contexto, Sudamérica se diferencia (…). La izquierda de los países europeos, que tanto ha influenciado a la izquierda de todo el mundo desde el siglo XIX, no ha logrado aportar las respuestas adecuadas a la crisis y parece capitular frente a la dominación del neoliberalismo» (3). El declive de Europa probablemente es también el declive de la influencia ideológica del continente que vio nacer el sindicalismo, el socialismo y el comunismo –y que parece resignarse más voluntariamente que otros a su desaparición-.

¿Entonces, hemos perdido la partida? Los electores y militantes de izquierda que se aferran a los contenidos más que a las falsas etiquetas, ¿pueden esperar, incluso en los países occidentales, combatir a la derecha con los compañeros conquistados por el liberalismo aunque sigan disfrutando de una hegemonía electoral? El baile, en efecto, se ha convertido en un ritual: la izquierda reformista se diferencia de los conservadores durante la campaña por un efecto óptico. Después, cuando llega el momento, dicha izquierda se dedica a gobernar igual que sus adversarios, sin alterar el orden económico y protegiendo el dinero de las personas del entorno del poder.

La necesidad, e incluso la urgencia de transformación social que proclaman la mayoría de los candidatos de izquierda en el ejercicio de las responsabilidades gubernamentales exigen, obviamente, que vayan más allá de una retórica electoral. Pero también… que accedan al poder. Y es en ese punto concreto donde la izquierda moderada imparte la lección a los «radicales» y a los demás «indignados». La izquierda moderada no espera la «grand soir» [ruptura revolucionaria donde todo es posible, n. de t.] ( Il y a un siècle aux Etats-Unis, un débat fondateur ); no sueña con acurrucarse en una «contra-sociedad» aislada de las impurezas del mundo y poblada de seres excepcionales ( Des gens formidables …). Para retomar los términos empleados hace cinco años por Françoise Hollande, no quiere «obstaculizar en vez de hacer. Frenar en vez de avanzar. Resistir en vez de conquistar». Y considera que no combatir a la derecha es protegerla, y por lo tanto elegirla» (4). En cambio la izquierda radical, según él, prefiere «montar en cólera por todo» en vez de «optar por el realismo» (5).

La izquierda que gobierna, esa es su jugada maestra, dispone «aquí y ahora» de tropas electorales y ejecutivos impacientes que le permiten asegurar el relevo. «Vencer a la derecha», sin embargo, no es un programa o una perspectiva. Una vez celebradas las elecciones, las estructuras establecidas –nacionales, europeas o internacionales- amenazan con impedir la voluntad de cambio expresada en la campaña. Así, en Estados unidos, Obama puede pretender que los lobbies industriales y la obstrucción parlamentaria de los republicanos han socavado su voluntad y su optimismo (Yes, we can) aunque estaba respaldado por una amplia mayoría popular.

Por otra parte, los gobernantes de izquierda se excusan por su prudencia o su cobardía invocando las «obligaciones», una «herencia» (falta de competitividad internacional del sector productivo, los niveles de la deuda, etc.) que serían obstáculos para su margen de maniobra. «Nuestra vida pública está dominada por una extraña dicotomía, analizaba Lionel Jospin ya en 1992. Por un lado, se reprocha al poder (socialista) el desempleo, los problemas de los suburbios, las frustraciones sociales, el extremismo de la derecha y la desesperanza de la izquierda. Por otra parte se añade el hecho de no disponer de una política económica y financiera, lo que vuelve más difícil el tratamiento de lo que se denuncia» (6). Veinte años después, la formulación de esta contradicción no ha envejecido nada.

Los socialistas señalan que la derrota electoral de la izquierda generalmente desencadena la puesta en marcha por parte de la derecha de un arsenal de «reformas» liberales –privatizaciones, reducción de los derechos sindicales, recorte de los gastos públicos- que destruirían las herramientas potenciales para hacer otra política. De ahí el «voto útil» en su beneficio. Pero su derrota también puede conllevar virtudes pedagógicas. Por ejemplo Hamon concede que en Alemania «las elecciones legislativas (de septiembre de 2009) que dieron al SPD su peor resultado (23% de los votos) desde hacía un siglo, convenció a los dirigentes del partido de la necesidad de un cambio de orientación» (7).




Los socialistas griegos se vanaglorian de actuar más rápido que Margaret Thatcher…

Un «restablecimiento doctrinal» , aunque de una amplitud modesta, se dio en Francia tras la derrota legislativa de los socialistas en 1993 y en el Reino Unido tras la victoria del partido conservador en 2010. Y sin duda bien pronto aparecerán escenarios similares en España y Grecia, ya que no parece probable que los gobernantes socialistas de esos países puedan imputar sus próximas derrotas a una política excesivamente revolucionaria… Para defender la causa de Papandreu, la diputada socialista griega Elena Panaritis se ha atrevido incluso a recurrir a una referencia asombrosa: «Margaret Thatcher necesitó once años para llevar a cabo sus reformas en un país que tenía problemas estructurales menos importantes. ¡Nuestro programa sólo lleva en marcha catorce meses!» (8). En resumen, «¡Papandreu mejor que Thatcher!».

Para salir de esta trampa es necesario establecer la lista de las condiciones previas para meter en vereda la globalización financiera. Sin embargo inmediatamente surge un problema: teniendo en cuenta la abundancia y sofisticación de los dispositivos que se han incrustado desde hace treinta años en el desarrollo económico de los Estados y la especulación capitalista, incluso un programa de reformas relativamente fácil (menos desigualdad fiscal, progresión moderada del poder adquisitivo de los salarios, mantenimiento de los gastos de educación, etc.) ahora implica un número significativo de rupturas. Rupturas con el actual orden europeo y también con las políticas a las que los socialistas están alineados (9).

Son necesarios, por ejemplo, un cuestionamiento de la «independencia» del BCE (los tratados europeos garantizan que su política monetarista escape de cualquier control democrático), una flexibilización del pacto de estabilidad y crecimiento (que en períodos de crisis asfixia la estrategia voluntarista de lucha contra el desempleo), denuncia de la alianza entre liberales y socialdemócratas en el Parlamento Europeo (que ha llevado a estos últimos a apoyar la candidatura de Mario Draghi, exbanquero de Goldman Sachs, como director del Banco Central Europeo), sin hablar del libre comercio (la doctrina de la Comisión Europea), de una auditoría de la deuda pública (con el fin de no reembolsar a los especuladores que han apostado contra los países más débiles de la Eurozona); sin todo eso, la partida empezará mal de entrada.

E incluso estará perdida de antemano. En efecto, nada permite creer que Hollande en Francia, Sigmar Gabriel en Alemania o Edward Miliband en el Reino Unido triunfarán donde Obama, Zapatero y Papandreu ya han fracasado. Imaginar que «una alianza que hace de la unión política de Europa el centro de su proyecto» garantiza, como espera Massimo D’Alema en Italia, «el renacimiento del progresismo» (10) se parece (en el mejor de los casos) a soñar despierto. En el actual estado de las fuerzas políticas y sociales, una Europa federal solo puede cerrar más los mecanismos liberales ya asfixiantes y despojar un poco más a los pueblos de su soberanía al confiar el poder a oscuras instancias tecnócratas. Por otra parte, ¿la moneda y comercio no son ámbitos ya «federalizados»?

Sin embargo, en tanto que los partidos de izquierda moderados continúen representando a la mayoría del electorado progresista –sea por adhesión a su proyecto o por el sentimiento de que esa constituye la única perspectiva de una alternancia aproximada- las formaciones políticas más radicales (o los ecologistas) se encontrarán condenados al papel de figurantes, de fuerzas de apoyo o para hacer ruido. Incluso con el 15% de los sufragios, cuarenta y cuatro diputados, cuatro ministros y una organización que agrupa a cientos de miles de adeptos, el Partido Comunista Francés (PCF), entre 1981 y 1984, nunca influyó en la programación de las políticas económicas y financieras de François Mitterrand. El naufragio de Refundación Comunista en Italia, presa de su alianza con los partidos de centro izquierda, no constituye un precedente más emocionante. Entonces se trataba de recordar, prevenir a cualquier precio la vuelta al poder de Silvio Berlusconi. Lo cual pasó de todas formas, pero después.

El Frente de Izquierda francés (perteneciente al PCF) quiere contradecir esos augurios. Presionando al Partido Socialista espera que este se libere de «sus atavismos». A priori la apuesta parece ilusoria, incluso desesperada. Sin embargo, si integra otros factores aparte de la relación de fuerzas electorales y las obligaciones institucionales, puede prevalerse de precedentes históricos. Así, ninguna de las grandes conquistas sociales del Front populaire (vacaciones pagadas, semana de 40 horas, etc.) estaba inscrita en el programa (muy moderado) de la coalición victoriosa de abril-mayo de 1936; fue el movimiento de huelgas de junio el que se las impuso a la patronal francesa.

La historia de ese período no se resume sin embargo en la presión irresistible de un movimiento social sobre los partidos de izquierda tímidos o asustados. Fue la victoria del Front populaire la que liberó un movimiento de revolución social y dio a los trabajadores el sentimiento de que no se enfrentarían al muro de la represión policial y patronal. Envalentonados, también sabían que los partidos a los que acababan de votar no les darían nada si no les retorcían la mano. De ahí esa dialéctica victoriosa –pero tan rara- entre elección y movilización, urnas y fábricas. Un gobierno de izquierda que no afrontase una presión semejante se encerraría rápidamente en una cámara cerrada con una tecnocracia que desde hace mucho tiempo ha perdido la costumbre de hacer cualquier cosa que no sea liberalismo. Tendría como única obsesión seducir a las agencias de calificación, de las que nadie ignora que «rebajan» inmediatamente a cualquier país que se compromete a una verdadera política de izquierda.





Entonces, ¿audacia o estancamiento? Desde el amanecer hasta el crepúsculo nos machacan con los riesgos de la audacia –aislamiento, inflación, degradación-. Sí, pero ¿y los riesgos del estancamiento? Al analizar la situación de la Europa de los años 30, el historiador Karl Polanyi recordaba que: «el callejón en el que se ha metido el capitalismo liberal», en varios países desembocó entonces en «una reforma de la economía de mercado realizada al precio de la extirpación de todas las instituciones democráticas» (11). ¿Pero de qué soberanía popular pueden todavía valerse las decisiones europeas tomadas a remolque de los mercados? Incluso un socialista tan moderado como Michel Rocard se alarma: todo nuevo endurecimiento de las condiciones impuestas a los griegos podría provocar la suspensión de la democracia en ese país. «Dada la situación colérica en la que se va a encontrar ese pueblo, escribía el mes pasado, se puede dudar de que algún gobierno pueda mantenerse sin el apoyo del ejército. Esta lamentable reflexión sirve, por supuesto, para Portugal, Irlanda y otros más grandes. ¿Hasta dónde?» (12).

A pesar de estar apuntalada por toda una quincallería institucional y mediática, la República Central se tambalea. Se está poniendo en marcha una carrera de velocidad entre el endurecimiento del autoritarismo liberal y el desencadenamiento de una ruptura con el capitalismo. Todavía parece lejana. Pero cuando los pueblos dejan de creer en un juego político mentiroso, cuando observan que se despoja a los gobiernos de su soberanía, cuando se obstinan en reclamar que se meta en vereda a los bancos, cuando se movilizan sin saber adónde les conducirá su ira, eso significa, a pesar de todo, que la izquierda todavía sigue viva.

lunes, 7 de noviembre de 2011

Terremoto en Cataluña

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RAFAEL GONZÁLEZ MORERA



Vuelvo de un viaje por las Españas, y en Cataluña que es para mí la más europea de las comunidades autónomas españolas, los pronósticos anuncian cambios bastantes significativos desde el punto de vista social y político a partir del 20 de noviembre 2011. Me dice un amigo economista barcelonés y además culé, que Cataluña está cada vez más cansada de España, y cómo las palabras de Gregorio Peces Barba todavía escuecen (“deberíamos haber dejado a Cataluña y quedarnos con Portugal, dixit Peces Barba”), Joan Segura me suelta un taco en catalán, y tras reflexionar después de un trago de cava, va y me dice de forma muy educada, con profundo seny catalán, que Peces Barba es un gilipuertas. “Encima es uno de los redactores de la Constitución monárquica española, ¡manda trillos!”. Después de un argumentario por el cual se adentra Joan en valoraciones ancestrales del seny, me llega a una conclusión pre-ocupante. “Estoy convencido de que el Partido Popular todavía es profundamente nacional católico, y que el PSOE es a su vez nacional laico. Pero los dos muy españolistas, nacionalistas, fíjate, no en vano Peces Barba es madrileño. Ni siquiera le pidió permiso a los portugueses si querían ser españoles. Eso es imperialismo español, igual los portugueses quieren incorporar para su nación a Galicia”.

Asisto a una cena con varios catalanes, y la impresión final es que estoy en la educada Francia, y hablando con gente de derechas de toda la vida, pero con mentalidad europea, nada que ver con la caverna política y mediática madrileña. Hay también socialistas, y un votante de Izquierda Unida/Los Verdes, de Cataluña, y también son muy europeos, pero nadie piensa en poner en marcha la guillotina, ni tomar La Bastilla. Pero flota en el ambiente un cambio social y mental enraizado en el seny, en los ancestros. Casi todos los presentes son abonados al Barcelona Club de Fútbol, pero también acuden al Liceo, leen a Vázquez Montalbán, a Ausiás March, Ramón Llull, Ramón Muntaner, pero también a muchos autores castellanos. De todas formas el cansancio de España se refleja con serenidad en la conversación pausada en la noche catalana. Me dicen que los pronósticos electorales, con la caída del PSC/PSOE y el aumento espectacular de CiU, pueden ser un indicio del cambio. O del terremoto. Cuando les indico que también las encuestas apuntan a una subida del Partido Popular catalán, son rotundos, “es un trasvase de votos de los socialistas a los populares, y por la izquierda del PSC se van a Izquierda Unida, que triplica sus diputados, de uno es posible que pasen a tres, todos elegidos en Barcelona, el líder de IU-Verdes, Joan Herrera, afirma que igual sacan cuatro, aunque muchos votos socialistas se irán también a la abstención o el voto nulo o blanco”. Hablamos sobre el 15-M, y todos coincidimos que no deben copiar los errores de los partidos políticos tradicionales, que deben seguir una forma horizontal de organización, y ahí nos perdemos en disquisiciones y formulaciones sobre el futuro del 15-M.

Terminamos la instructiva charla recordando la Diada de Cataluña el 11 de septiembre de 1714, cuando las tropas borbónicas castellanas ayudadas por los ingleses tomaron Barcelona a sangre y fuego, y en este punto se producen interesantes opiniones divergentes. Algunos de mis ilustres amigos catalanes tienen posiciones nacionalistas federalistas, otros más independentistas, pero todos coinciden que el 11 de septiembre de 2014 se puede producir un terremoto en Cataluña. Con mucho seny, y afortunadamente sin ninguna ETA.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Festival antidemocrático en el G20 de Cannes: ¿quién gobierna Europa?

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GORKA LARRABEITI


Rebelión



De Cannes nos llega la noticia bomba de un clamoroso estreno: El FMI y la Comisión Europea enviarán inspectores antes de final de mes a Italia con el fin de monitorear la labor del gobierno de Berlusconi. Tras el sobresalto digno del mejor thriller que provocó el primer ministro griego, Yorgos Papandreu, al convocar un referéndum sobre el segundo plan de ayuda a su país, y después de ver qué idea de ley, derecho e imperio tienen Merkozy, el FMI y la Comisión Europea, es hora de preguntarse qué se ha hecho de la democracia hoy en Europa. Dijo ayer el historiador Luciano Canfora: “Esta Europa que dicta leyes a los gobiernos me recuerda mucho a la Santa Alianza de 1815, que intervenía por todo el continente para aplacar revueltas, incluidas las de los patriotas italianos. Creían que tenían Europa bajo los pies, parecido a lo que hoy hacen los dirigentes de la UE y la BCE...”.

Ha pasado ya a la historia de la democracia en Europa esta cita de Yorgos Papandreu: "Teníamos tres alternativas: la primera era catastrófica, convocar elecciones; la segunda era el referéndum, y la tercera solución era lograr un consenso más amplio para sacar adelante el plan de salvamento". Al final, parece que se hará realidad la tercera solución: un gobierno de unidad nacional probablemente liderado por el expresidente del Banco Central Europeo Lucas Papademos, miembro de la Comisión Trilateral desde 1998.
Qué ritmo tiene esta guerra monetaria en Europa. En una entrevista del día 8 de julio, es decir, en pleno ataque a los bonos de Estado italianos, Berlusconi respondía así a propósito de los rifirrafes que mantenía con el ministro de Economía Giulio Tremonti, este sí, dócil con "los mercados": "[...] Yo le recuerdo [a Tremonti] que la facturación, en política, consiste en el consenso y los votos. A él el consenso no le interesa, a nosotros sí [...]". Diciendo eso, Berlusconi demostró haberse quedado tan viejo como un actor de cine mudo en una película sonora. Demostró no haber entendido que, desde el anuncio de la “revolución silenciosa” del Semestre Europeo y el Pacto del Euro, los actores nacionales eran meras comparsas que debían ejecutar el guión que les imponía el BCE. Trichet y Draghi le enviaron desde Frankfurt el nuevo guión democrático (privatizaciones, despidos fáciles, recortes en lo público), pero él insistió en querer seguir interpretando el populismo mediático que tantos éxitos le ha dado desde 1994. Por más fans que ha tenido Silvio Berlusconi, en Italia se espera desde hace ya meses un nuevo galán que sepa actuar sobriamente al frente del reparto de un nuevo gobierno de unidad nacional. El 2 de septiembre se propuso para el papel Mario Monti. Su currículum para este papel no tiene tacha: tiene amplia experiencia como Comisario Europeo, es Presidente europeo de la Comisión Trilateral y miembro del Grupo Bilderberg. El martes habrá una moción de confianza en el Parlamento italiano: podría ser la última escena de Berlusconi hasta que se convoquen elecciones.

Es chocante que en Italia se esté reproduciendo la misma secuencia vista en Grecia. En caso de que el gobierno nacional no interprete a rajatabla lo que ordena la troika -FMI, BCE, UE- el gobierno entra en crisis y se nombra un gobierno de unidad nacional, al que también se le puede llamar de “salvación” o de “emergencia nacional”, al frente del cual podría figurar un antiguo cargo del BCE o la Comisión Europea, a ser posible con experiencia en la Comisión Trilateral o el grupo Bilderberg. Este guión admite variaciones regionales. En España, que en teoría debía seguir a Portugal e Irlanda en la secuencia del rescate, no ha habido necesidad de ningún gobierno de unidad nacional porque gobierno y oposición -eso que llaman el PPSOE- tardaron tan solo una semana, en pleno agosto, en ejecutar la “regla de oro” del equilibrio presupuestario que habían dictado Alemania y Francia, pese a que ello suponía reformar nada menos que la Constitución.

En Islandia, la historia es ligeramente diversa, aunque no cambia tanto como nos habría gustado. La contaba así Gunnar Skuli Armannsson, activista de ATTAC Islandia:

[...] Entonces tuvimos la protesta en invierno de 2008-2009, que resultó en unas elecciones en la primavera de 2009. Sucedió así: los socialdemócratas eran parte del viejo Gobierno, y ahora son parte del nuevo Gobierno también, pero en lugar de tener a los conservadores, ahora tienen a la Izquierda Verde como socios de gobierno, y tanto los socialdemócratas como la Izquierda Verde estuvieron prometiendo cosas muy buenas a la gente en la campaña electoral. Pero han roto todas sus promesas. De modo que los islandeses hemos aprendido, igual que los irlandeses, igual que los griegos y los españoles, que cambiar el Gobierno no es la solución. No importa que haya elecciones; no tienen ningún efecto en las políticas, porque es obvio que los bancos tienen el control. Da igual que gobiernen los conservadores, los socialdemócratas o la izquierda verde, la política es siempre la misma: salvar a los bancos y que el pueblo lo pague.

El sociólogo italiano Luciano Gallino matiza mejor la diferencia entre los gobiernos conservadores y socialdemócratas: "Los laboristas británicos, los socialdemócratas alemanes, los socialistas franceses, el Partido Democrático en Italia o los socialistas españoles han adoptado la misma perspectiva que sus adversarios, salvo que tienen una buena intención más: recoger a los heridos que vayan cayendo y socorrerlos, pero el camino, sustancialmente, es el mismo". En suma: da igual quién gobierne en apariencia, puesto que el verdadero gobierno -el Senado virtual le llama Chomsky- se ejerce desde lo alto, sobre y contra el pueblo. De sobra están los Parlamentos, pues la oposición real ha quedado, indignada, fuera de ellos.

Los últimos dos nombramientos de altos cargos europeos dicen mucho de cómo y por qué se elige a los representantes europeos con mayor responsabilidad. Herman Van Rompuy, miembro también del Club Bilderberg y de la Comisión Trilateral, fue nombrado presidente del Consejo de Europa tras una cena secreta. El Observatorio Corporate Europe alerta ahora de qué conlleva el nombramiento del nuevo presidente del Banco Central Europeo, Mario Draghi, cuyo currículum también habla solo: vicepresidente de Goldman Sachs International, miembro del Grupo Bilderberg, miembro de una élite bancaria internacional conocida como el Grupo de los Treinta, del que también forman parte Jacob Frenkel del JP Morgan Chase, E.Geral Corrigan de Goldman Sachs, Guillermo de la Dehesa Romero del Grupo Santander y David Walker de Morgan Stanley. Según Corporate Europe, el Grupo de los Treinta, que se define como una “organización del sector privado que ha tenido influencia considerable en el resultado de algunos de los debates sobre regulaciones de las últimas dos décadas”, contribuyó a la crisis de 2008 apoyando al grupo de cabildeo IIF, que promovía el sistema de gestión de riesgo llamado Value at Risk.

La indignación que atraviesa el mundo nace de una mayor conciencia de cómo opera el poder. Se sabía que en la Unión Europea imperaban el conflicto de intereses y la falta de transparencia. Se sabía del déficit democrático de las instituciones europeas. Sin embargo, con la crisis bancaria, han salido a escena los verdaderos actores del gobierno mundial, expulsando a los fantoches. Lo que llaman democracia es, como demuestran la injerencia en la soberanía de los países cerditos -PIIGS-, neoliberalismo autoritario. Si decimos que en Europa hoy gobiernan el grupo Bilderberg, la Comisión Trilateral o el Grupo de los Treinta nos toman por paranoicos. Digamos, pues, que gobierna Versalles. Pero desde la Casba, Tahrir y Sol, se ve La Bastilla cada vez más cerca.