jueves, 25 de noviembre de 2010

Tenemos la obligación moral de seguir pidiendo para el pueblo saharaui el derecho a su vida, su tierra y su independencia

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PEPA POLONIO

Rebelión



Cuando el dictador vivía sus últimos tiempos, se fraguó una de las peores injusticias que arrastramos desde la Transición y que no parece que vaya a resolverse, no ya de forma pacífica, sino ni siquiera por las vías menos deseables.

La provincia 53 de la España Una, Grande y Libre que pretendió dejar atada y bien atada el agonizante fue entregada sin miramientos para mayor gloria del rey de Marruecos, y alrededor de trescientos mil españoles –lo eran, con sus documentos de identidad y su representante en las Cortes franquistas- que querían ser independientes se vieron cambiando de mano para una dominación que fue mucho más sangrienta que la española.

Los habitantes del desierto tuvieron que refugiarse en otras tierras todavía más inhóspitas que las suyas originarias, y allí llevan treinta y cinco años largos sufriendo las inclemencias de una tierra dura que no es la propia y la no menos dura indiferencia de los sucesivos gobiernos que ha habido en esa España que una vez los tuvo como súbditos y los abandonó, ni siquiera a su suerte, sino a la suerte que trazó para ellos la mano de Hassan II junto con la Sonrisa del Régimen, José Solís.

El espectáculo que estamos viviendo estos días es bochornoso. Por un lado, un reino que parece ser de los tres o cuatro países que en el mundo tienen bula para hacer de su capa un sayo, y de las capas de los demás lo que les venga en gana. Marruecos se permite impedir el paso a la prensa, manipular y desinformar, crear campañas de difamación contra los periodistas que tratan de hacer su trabajo, y el gobierno dice que necesita más datos.

Se ven incendios, bombardeos de un campamento de gente desarmada o casi, hay un niño de 14 años muerto y ni se sabe cuántos y de qué edades días después, y el gobierno sigue pidiendo más datos para tomar medidas. Los derechos humanos se pisotean, como si los saharauis no fueran personas, y el gobierno sigue callado. La gente solidaria se manifiesta en las calles, los más atrevidos viajan a El Aaiún, esa antigua Villa Cisneros que se estudiaba en la enciclopedia Álvarez, y el gobierno calla mientras los medios los tratan como si no se estuviera acabando el tiempo para tantos miles de personas.

En el colmo del cinismo, se pide ayuda a Estados Unidos para que intervenga, como si no hubiera intervenido ya lo suficiente. La MINURSO, misión de la ONU para el referéndum que tendría que haberles dado una independencia que se les negó, es inoperante y se mantiene porque hay que hacer como que se hace algo, para tener algo que reprochar a un Frente Polisario cuyo principal pecado es tener un exceso de paciencia. Las distintas resoluciones se han pasado todas por el mismo arco del triunfo y no se han respetado en absoluto.

Cabe pensar que hay intereses ocultos que van más allá de la razón de Estado. Intereses oscuros e inconfesables que permiten la masacre de todo un pueblo sin que nadie mueva un dedo en su apoyo, nada más que los que, año a año, se rascan el bolsillo para mandar unos kilos de lentejas o unos litros de aceite a los campos de refugiados. Nadie más que las familias de acogida que, contraviniendo los deseos de la muy humanitaria UNICEF, traen a los niños a pasar unas vacaciones de verano lejos de las privaciones y las temperaturas extremas de los campamentos del Tinduf. Los niños son los mejores embajadores de su pueblo, y eso lo ve el organismo de la ONU como una explotación política de la infancia.

El gobierno español mira para otro lado, como hicieron en su momento Adolfo Suárez, Leopoldo Calvo Sotelo, Felipe González y José Mª Aznar, por más que el PP se rasgue las vestiduras y se ponga a la cabeza de una manifestación. La ministra, olvidando que existen las hemerotecas para refrescarle la mala memoria, no recuerda que prometió soluciones para los problemas de este pueblo mártir, como seguramente tampoco Felipe González y demás barones del PSOE recuerdan un olvido que es una traición.

La ministra de Cultura tiene la desfachatez de pedir que quien no sea experto se abstenga de opinar. Es decir, que a partir de ahora, todos los que no sean –seamos- expertos, debemos dejar de pensar, de decir lo que pensamos o sentimos, de elegir a nuestros representantes… y dejar todos estos menesteres en las manos expertas de los que nos dirigen, aunque nos dirijan hacia el desastre. Seguramente será un experto, no sabemos en qué, el que ha hecho correr la voz de que Al Qaeda, esa organización fantasmagórica que tanto vale para un roto como para un descosido, se está nutriendo de desesperados de los campamentos que buscan una revancha contra los que los han traicionado todos los días desde hace más de treinta y cinco años.

Quien alguna vez haya visitado los campamentos del desierto argelino sabe que nada hay más lejos del fundamentalismo que esos lugares donde se trata de vivir con dignidad. Ciertamente, el muecín llama a la oración al amanecer, y su canto sobrecoge en la soledad del desierto. Pero nada más lejos de fundamentalismos que esos lugares donde se trata de crear hermandad con los pueblos de más allá de las fronteras de arena. Tenemos la obligación moral de seguir pidiendo una salida justa para un pueblo que tiene derecho a su vida, a su tierra y a su independencia. Y de seguir pidiendo castigo para todos los que, desde los intereses o el cinismo más descarado, siguen pidiendo datos cuando hay depósitos llenos de cadáveres, cárceles llenas de presos torturados, y las imágenes que nos llegan, pocas y con cuentagotas, nos muestran incendios y palizas.

Ya no son creíbles cuando dicen luchar por los derechos humanos de los opositores a los que se empeñan en llamar dictadores. Ni siquiera son capaces de ir a ver la sangre por las calles. Y todos nosotros seremos responsables de lo que pase si no exigimos el mismo rasero para todas las violaciones, y éstas que estamos viendo estos días son tan flagrantes que, si no actuamos aunque sea mandando cartas al director en los distintos periódicos, seremos como los que, olvidando que tienen responsabilidades históricas, siguen pidiendo más datos cuando llegan más muertos.


Pepa Polonio. Colectivo Prometeo

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Un poquito de corrupción

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RAFAEL GONZÁLEZ MORERA
La niña veinteañera que hacía poco tiempo había conseguido entrar en una consejería del Gobierno Canario de Paulinito Rivero le dijo a su papi a la hora de comer, sin anestesia: “Papá ¿verdad que no es pecado ser un poquito corrupta?”. Al papaíto casi se le cae la sopa encima de la camisa del susto. “Coño, qué pasa ahora, el otro día me diste la noticia que estabas un poquito embarazada, y ahora que eres un poquito corrupta..?. La niña con una sonrisa diabólica saca un sobre de su bolso, y le muestra al padre seis mil euros en billetes de quinientos. Al padre se el encandila los ojos, no había visto nunca un billete de quinientos euros. “¿Y eso..?”. “Es que le aligeré en la consejería un asunto a un empresario, y ha tenido un detalle…”.El padre mira con cariño a su niña. “No te preocupes, eso no es pecado, ni quedarte un poquito embarazada tampoco, y tampoco es corrupción, cómo cuando yo le pedí a un buen amigo que te metiera en la consejería. Si Paulino le pidió a González Reverón, alcalde de Arona, que le metiera a una sobrina de agente de la policía local, a ver por qué nosotros no vamos a tener las mismas oportunidades. Claro que las oportunidades no van a ser para el pueblo, para los changas, esos que sigan en el paro. Me diste un buen susto, creía que era una cosa más gorda. Pero la próxima vez pídele a ese empresario el doble, y nunca firmes nada”.

No crean que esto es pura ficción. No puedo dar nombres evidentemente, pero esto ha pasado, y cómo no tengo pruebas, tampoco puedo acudir a la fiscalía anticorrupción. Pero lo peor de todo, la guinda del caso, es que mucha gente que lo conoce, con más o menos detalle, me dicen “yo haría lo mismo”. No todos, afortunadamente, porque todavía hay personas que creen en la honradez, pero hay muchos que sí harían lo mismo que la niña un poquito embarazada y un poquito corrupta. A cuenta de la corrupción los casos no hacen sino florecer, y eso que no estamos en mayo. El caso hemodiálisis tiene asombrado ya a más de uno, incluso al nuevo consejero de Sanidad Fernando Bañolas. Los datos que se acumulan en el despacho de Bañolas van indicando que el expediente de adjudicación del servicio de hemodiálisis se hizo a la medida de la empresa inmobiliaria Lifeblood, que se embolsará un beneficio mondo y lirondo de veinte millones de euros. El cambio del ladrillo por la sangre es como ven muy rentable. El cerco en torno a Mercedes Roldós y Lourdes Quesada se va estrechando, y ahora mismo me dicen que no está claro a día de hoy si es sólo cerco político y profesional, o también delictivo. La presunción de inocencia vale para todos y todas y no debemos adelantar acontecimientos. Tiempo al tiempo.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Gdaim Izik, asalto al campamento de la dignidad

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La Jornada



El movimiento independentista del Frente Polisario aseguró disponer de "armas, hombres y voluntad suficientes" para enfrentarse en una guerra con Marruecos.
Así lo explicó su delegado en España, Bucharaya Beyin, en una rueda de prensa en Madrid en la que denunció "el silencio, la complicidad y la indiferencia" de la comunidad internacional ante las últimas actuaciones marroquíes en el Sahara. El gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero no las ha condenado, pese a que desde varios sectores políticos y sociales se lo insta a hacerlo.

"Hay un reclamo masivo" entre los saharauis para ir a la guerra, dijo Beyin, que aseguró que el derecho a la autodeterminación del pueblo saharaui es la única solución posible al conflicto de décadas.

El desmantelamiento del campamento saharaui Agdaym Izik, hace casi dos semanas, por parte de las fuerzas marroquíes desencadenó graves enfrentamientos allí y en El Aaiún, la capital administrativa de la ex colonia española, con el resultado de muertos y heridos. Los sucesos condujeron a un aumento de tensión entre los saharauis y Marruecos.

Beyin acusó hoy a Rabat de estar llevando a cabo una "limpieza étnica" en el Sahara Occidental. "Si no tuviéramos armas, Marruecos ya nos habría eliminado", dijo. Y advirtió de que "el pueblo saharaui está dispuesto al mayor sacrificio para conseguir que se respeten sus derechos".

Entretanto, el vicepresidente primero del gobierno español y ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba, reiteró hoy que España "lamenta" lo sucedido en el Sahara, si bien evitó de nuevo condenarlo, en espera de "información para fijar una posición definitiva".

La ministra de Exteriores española, Trinidad Jiménez, reclamó el jueves una investigación independiente sobre los sucesos. La jefa de la diplomacia española se reunirá con la secretaria de Estado estadunidense, Hillary Clinton, en el marco de la cumbre de la OTAN que tiene lugar hoy y mañana en Lisboa. Y aunque no han trascendido los temas que abordarán, se espera que el Sahara sea uno de ellos.

El Sahara Occidental fue ocupado por Marruecos después de que España saliera de su antigua colonia en 1975.

Hasta ahora, los diferentes planes propuestos por la ONU para decidir su futuro no han tenido éxito. Primero lo intentó el que fue primer enviado de las Naciones Unidas al territorio, James Baker. Luego fue designado el holandés Peter van Walsum, quien lideró cuatro rondas de negociaciones entre las partes, y desde enero de 2009 trabaja en el tema el ex diplomático estadounidense Christopher Ross.

El Frente Polisario aspira a la celebración de un referéndum de autodeterminación, que Marruecos rechaza. Las dos partes se reunieron en Nueva York el 8 de noviembre, el mismo día del desmantelamiento del campamento Agdaym Izik. Volverán a reunirse en diciembre y a principios de 2011.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

A propósito del Sáhara, el compromiso y los silencios

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SALVADOR LOPEZ ARNAL
Rebelión



Primera escena: La señora González-Sinde, la ministra de Cultura del gobierno Zapatero, dice valorar (positivamente) la implicación de los actores y actrices en la causa del Sáhara. Pero pide a continuación "no contribuir a la confusión" con opiniones de personas que no son expertas. ¿Implicación sin opiniones, implicación silenciosa, con la boca cerrada para que no entren moscas revoltosas? ¿Manifestantes que no tengan criterio político que mueva y alimente su rebeldía y la de otros? Ella misma, curiosamente, toda una ministra del gobierno de la nación, parece incluirse en ese colectivo inexperto: "Nuestra responsabilidad en este asunto es lo suficientemente importante y es un tema lo suficientemente delicado como para que los que no somos expertos no hagamos ese papel de opinar y de contribuir a la confusión en lugar de encontrar soluciones", ha declarado el 16 de noviembre a Radio Nacional, ratificándose en su singular idea, la antigua, gastada y odiosa teoría del gobierno e intervención exclusiva de las élites políticas, de que la opinión de personas inexpertas en el tema contribuían a la confusión -¿qué confusión, por cierto?- sin aportar soluciones.
Sobre la presencia de ciudadanos “del mundo de la cultura” junto a algunos dirigentes del PP en la manifestación del pasado sábado en Madrid ha señalado, sin controlar su opinión, debe ser por tanto experta en el tema, que es una coincidencia que les debería hacer pensar. No ha precisado en qué sentido deberían hacerlo ni cuántos dirigentes conservadores participaron en la protesta ni, desde luego, el sentido de esa participación netamente marginal. Eso, en su opinión de Ministra experta, no es crear confusión.

Uno de estos “expertos” a los que alude la señora Ministra de Cultura, experto que no aceptaría de buen grado la interesada denominación, el catedrático de Historia del Islam en la UAM, Bernabé López García, ha declarado sin posibilidad de confusión dada su condición: “La falta de condena [del gobierno] es una vergüenza monstruosa” [1]. Otro de esos “expertos”, el catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Santiago y buen conocedor del Sáhara, Carlos Ruiz Miguel, ha destacado un ámbito que no deberíamos perder de vista: “Marruecos aspira a crear un escenario israelí en el Sáhara”. ¿Qué contorno tiene ese escenario diseñado? El de un país, Marruecos, que utiliza de manera totalmente impune la represión para mantener la anexión de un territorio que le fue entregado de forma abyecta.

Segunda escena con escenario ministerial de fondo. La ministra de Asuntos Exteriores estuvo el lunes, 15 de noviembre, en la toma de posesión del número dos de su ministerio; a su lado, a su derecha más concretamente, en un segundo plano pero nada oculto, Diego López Garrido, un ex de Izquierda Unida. Fue el mismo día en que el PSOE desautorizó la condena de la actuación del ejército y del gobierno de Marruecos por parte de la diputada Fátima Aburto, la coordinadora del Intergrupo parlamentario para el Sáhara [2]. No parece asegurada su futura presencia en foto y en listas (También se ha manifestado críticamente el señor José Bono. Pero la tercera autoridad del Estado es otra cosa, tiene otra entidad. Llamarle al orden, en su caso, son palabras mayores. Además, sabido es, el juego político electoral exige muchas apuestas y diversidad de tonos. Nunca se sabe qué puede pasar en el futuro).

La ministra Trinidad Jiménez, su presencia en la Comisión Trilateral debe haberla marcado sustantivamente, no se anduvo por las ramas en la presentación de su número dos. Negó que el gobierno estuviera actuando con tibieza frente a las autoridades marroquíes [3] y cuestionó el nivel de exigencia política con España y, sin decirlo explícitamente, con el gobierno y el partido que lo sustenta. ¿Por qué esa queja? Por lo que manifestó en una entrevista en la cadena SER: “lo que no se exige al Frente POLISARIO, que es el representante del pueblo saharaui, se pretende exigir al Gobierno de España”.

¿Y qué se exige al gobierno de España? ¿La ruptura de toda relación diplomática con el gobierno de Marruecos? ¿Alguien ha afirmado una cosa así? No es tan sólo eso. La máxima responsable de la diplomacia española, la gran aliada política madrileña del presidente Zapatero, no se ha mordido la lengua. Como experta que es ha recordado que el mismo día en que se inició el desmantelamiento del Campamento Dignidad, el Frente POLISARIO estaba reunido –“cenando” ha sido el término utilizado por la señora Ministra- con el gobierno de Marruecos en Nueva York. ¡Qué desfachatez!, ¡qué caradura trilateral!, ¡qué prepotencia política!, ¡qué abisal y aléfica infamia! Por si fuera poco, ha añadido sin enrojecer la señora Ministra, ni mover apenas un músculo de su cuidado rostro de hormigón: España siempre –siempre es siempre- ha defendido el derecho de autodeterminación del pueblo saharaui. Por eso, debe ser por eso, que España no ha reconocido a la República Democrática Saharaui, cosa que sí que han hecho más de 80 países.

Vale la pena recordar, aunque desde luego sea innecesario, las recientes declaraciones del representante saharaui en las Naciones Unidas, Ahmed Boukhari. Preguntado, en conversación con el excelente escritor y periodista Gilberto Lopes sobre cómo evaluaba los resultados de la reunión en Nueva York y las perspectivas de las negociaciones que continuarán en diciembre, señaló Boukhari: “Hemos acudido a la ronda negociadora para responder positivamente a los esfuerzos que llevaba a cabo la ONU para que el proceso de paz pudiese continuar en la dirección correcta. Pero la decisión marroquí de llevar a cabo el asalto contra la población civil saharaui el día preciso en que iba a comenzar la ronda nos llevó a pensar seriamente en que no valía la pena participar. Aun así, decidimos participar, porque somos gente civilizada que quiere la paz, rechaza la violencia, la guerra. La ronda no supuso ningún avance sustancial porque Marruecos no quiere que esto avance en la dirección correcta y sobre ella planeó el terrible espectro de la brutal intervención de las fuerzas marroquíes contra nuestra población civil” [4] [el énfasis es mío]. ¡Brutal intervención contra la población civil! ¿No hay claridad en las palabras del representante saharaui?

Tercer escenario. La primera página de Público de 16 de noviembre [5] se abría con estas palabras: “Visita non grata”. Hacía referencia al encuentro del Ministro de Interior de Marruecos, Taïb Cherkaoui, con el vicepresidente primero y Ministro del Interior del Gobierno español, el señor Pérez Rubalcaba, en Madrid. Público sugería varias preguntas que podían formularse, que podía formular nuestro Ministro del Interior, al ministro marroquí. Estas entre ellas: ¿mataron los militares al ciudadano español Baby Hamday Buyema? ¿Son ciertas las denuncias de torturas realizadas por activistas de diversas ONG? ¿Por qué se impone la censura y no se permite a la prensa española e internacional informar desde El Aaiún?

Javier Bardem ha añadido alguna otra: ¿cómo puede decir la Ministra de Exteriores que no condena porque no tiene datos oficiales? ¿Quién se los va a dar entonces? ¿Qué mensaje se está transmitiendo¿ ¿Que si usted es un país preferente tiene derecho a matar y torturar? Otras más por si fuera necesario, hoy, una semana después, cuando seguimos sin conocer los muertos, heridos y detenidos: ¿el ciudadano español Ahmed Salem Lecuara, que se encontraba en El Aaiún de visita familiar, ha sido agredido por las fuerzas militares marroquíes durante el asalto? ¿Ha sido torturado, como él mismo afirma, durante los cinco días que pasó en las dependencias de la Gendarmería marroquí? ¿Por qué no puede abandonar la zona?

Por lo demás, el titular de interior marroquí, uno de los máximos responsables políticos de lo ocurrido en El Aaiún durante esta última semana, alguien que no es en absoluto ajeno al bloqueo informativo impuesto en el Sáhara ni al maltrato sufrido por activistas, como ha recordado Jesús Maraña en Público, no se va a dignar comparecer ante la prensa. Alguna pregunta podría resultarle incómoda. El resto será silencio una vez más

Es muy improbable que nuestro vicepresidente le haya realizado alguna de esas preguntas. Suele apelarse a la razón de Estado o al necesario equilibrio entre intereses y principios. Habrá que preguntarse alguna vez por los interesados intereses de algunos principios.

El jefe del Ejecutivo, por ejemplo, ha hablado de los intereses de España. ¿Qué intereses son esos? ¿Dónde quedó aquel Zapatero, ha preguntado Ignacio Escolar olvidándose por un momento de la contrapartida afgana, cuya primera medida como presidente fue ordenar la retirada de las tropas de Irak? Muy lejos, muy lejos.

El complemento académico. Ramón Cotarelo ha señalado con fecha 16 de noviembre en su blog [6] que “el asunto de los saharauis lleva camino de convertirse en grave problema para el Gobierno y su partido”. La vergonzosa dejación de funciones de España en 1975, consagrada en unos Acuerdos de Madrid asimismo ignominiosos, ha añadido, fue el primer paso para crear una situación "palestina" en la antigua “provincia” española.

El argumento de la izquierda, que es el que le interesa a Cotarelo, consiste, en su opinión, “en echar en cara al Gobierno una vez más su pusilanimidad, su incapacidad para hacer frente a las arbitrariedades de Mohammed VI”. Se le acusa de anteponer la razón de Estado a la defensa de los derechos humanos. Desde luego, prosigue el catedrático de ciencias políticas, no estará de más que “el Gobierno haga saber al Príncipe de los Creyentes que no aprueba sus procedimientos, que exige el fin de la intervención marroquí en El Aaiún así como el cumplimiento íntegro de las resoluciones de la ONU”. Pero eso debe decirlo no como España “sino como Estado miembro de la Unión Europea y debe asimismo anunciar que llevará el asunto al Consejo de Seguridad”.

Claro y rotundo, como quiere la izquierda, de la que Cotarelo parece excluirse en algunos momentos, “pero en un marco de acción multilateral. España tiene que evitar llegar a una confrontación bilateral con Marruecos que es lo que éste quiere”. Así que como no cree, como parece razonable creer, que nadie en la izquierda esté interesado en repicar tambores de guerra “quizá sea sabio suspender por un tiempo los juicios condenatorios al Gobierno por justificados que puedan parecer especialmente porque recaen sobre quien ya ha demostrado haberse rendido ante la ofensiva neoliberal”.¿Sabio suspender por un tiempo los juicios críticos? ¿Dónde está la sabiduría de esa supuesta prudencia?

Con todo, prosigue, cabe confiar en que el Gobierno tome la iniciativa diplomática en un contexto multilateral y forme una especie de frente de defensa de los saharauis. Conste que, añade Cotarelo, “como a la mayoría de mis paisanos, me gustaría que el Presidente diera un puñetazo sobre la mesa. Pero detrás del puñetazo tiene que haber una capacidad militar y una voluntad política para llevarlo a sus últimas consecuencias. ¿Las hay?”.

No las hay y como la acción política multilateral no parece probable, ni Francia en Europa ni Estados Unidos en el Consejo de Seguridad están por la labor, aquí paz, la paz de los cementerios de El Aaiún, y en el cielo gloria, gloria sangrienta. ¿Y entre cero y el infinito no hay procedimientos efectivos ni actuaciones posible? ¿Entre la pasividad, la mentira, la manipulación, el servilismo, el decir sin decir y el afirmar negando, y el emprenderla a tortas y a bombazos no hay ningún margen de maniobra? ¿Marruecos tienen, pues, impunidad, puede hacer lo que le venga en gana y nosotros chitón que el domingo hay partido y que la geopolítica es muy compleja? Efectivamente, el marco recuerda un escenario israelí.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Sahara: 36 años de exilio y lucha

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Cuatro activistas y observadores de derechos humanos españoles se encuentran en paradero desconocido
Resistencia Saharaui y THAWRA desmienten las declaraciones del Gobierno español sobre los activistas retenidos en el Aaiún


Colectivo Thawra y Resistencia Saharaui
Rebelión



La declaraciones que junto a Alfredo Pérez Rubalcaba, vicepresidente primero del gobierno, ha dado Trinidad Jiménez, la ministra de Asuntos Exteriores, con respecto a los 4 Activistas y Observadores de Derechos Humanos, Silvia García y Javier Arias Sopeña de Thawra, e Isabel Terraza y Antonio Velázquez de Resistencia Saharaui son falsas, son mentira.

Desde los colectivos Thawra y Resistencia Saharaui declaramos nuestra indignación por las declaraciones que ha dado ayer la ministra, ya que, ni conocen la localización de nuestros compañeros de forma concreta y precisa, ni mucho menos se han comunicado con ellos. La posición que asume el gobierno español con estas declaraciones nos llena de vergüenza y preocupación. La madre de Javier Sopeña, se comunicó el día 11 de Noviembre con el Cónsul en Rabat y este declaró no poder garantizar sacar con seguridad de El Aaiún en estos momentos a nadie. Los esfuerzos por garantizar la seguridad de los cuatro creemos solo darán resultados si se rompe el bloqueo informativo, si se levanta el veto a la MINURSO y si la Cruz Roja Internacional puede entrar a atender a los más de 4.500 heridos.

El sentimiento común de todos es de traición, persecución e impotencia por la sumisión y complicidad del gobierno de España, ante las actuaciones de exterminio contra los Saharauis que perpetra Marruecos en la ciudad de El Aaiún y en los Territorios Ocupados por sus fuerzas militares en el Sahara Occidental.

Marruecos no tiene la capacidad jurídica para expulsar, para negar una acreditación de prensa o bloquear ningún acceso informativo, como los recientes casos de los periodistas de Cadena Ser y Luis de Vega de ABC. Denunciamos que España está violando su propia constitución al renunciar a sus capacidades administradoras sobre el Sahara Occidental (Territorio no autónomo, en vías de descolonización). La ONU sólo reconoce a España como potencia administradora del Sahara Occidental hasta que se realice el referéndum de autodeterminación del pueblo Saharaui.

Los intereses manifiestos de España, declarados por la ministra Trinidad Jiménez sobre la importancia de Marruecos en la seguridad nacional, las inversiones económicas, sus políticas migratorias y los intereses de la Unión Europea sobre el Magreb NO pueden justificar una masacre como la que se está presenciando en la ciudad de El Aaiún.

Si los intereses económicos y políticos que mantiene España con Marruecos son más importantes que la vida de sus ciudadanos. España está fomentando un conflicto en vez de dar pasos hacia la paz y la conciliación.

Firmado, Colectivo Thawra y Resistencia Saharaui:





rCR



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viernes, 12 de noviembre de 2010

El avispero del Sahara

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MARIANO DE LA PUENTE
Público


Cuando Marruecos no era un país independiente, el Sáhara ya había sido objeto de negociación entre franceses y españoles, y se había configurado su esencia. Finalizaban, o estaban a punto de hacerlo, los colonialismos europeos, la ocupación física. Entonces, los propios africanos iniciaban los colonialismos entre ellos, con el estilo aprendido y aplicando lo mejor de sus colonizadores: dominación y humillación.

La monarquía divina, así se autodenomina el régimen marroquí, se asentó e inició su afán expansionista. Años de plomo en el interior y afán expansionista hacia el exterior. Marruecos lo intenta por el este hacia Argelia (guerra de las arenas), por el sur con el Sáhara y, por el norte, trata de inquietar a España en las ciudades de Ceuta y Melilla. Además de la Marcha Verde harto conocida, acción que contravino todos los tratados y derechos internacionales.

El pueblo saharaui tiene una religión y un idioma, el hassanía, que hablan más de tres millones de personas en una amplia geografía que incluye una zona de Marruecos, Argelia, Mauritania, Mali, Níger y Senegal, desde hace más de 500 años. Tiene una historia similar a la de todos los pueblos africanos. Es, además, un pueblo reconocido en Naciones Unidas por más de 80 países. Un pueblo que quiere estar en su casa y no irse o vivir en la del vecino. No estamos ante un grupo de iluminados con un capricho independentista. Este pueblo ya tenía entidad antes que muchos países africanos, delineados hace escasos años cuando Occidente se repartió ese continente a su antojo. ¿Qué necesita Marruecos para abrir los ojos a la realidad?

Pero hay otros tuteladores de la zona en connivencia con Marruecos. Es verdad que se han acabado los nacionalismos políticos, pero hay otras fórmulas más sibilinas y oscuras, como la explotación de las materias primas (colonialismo económico) o el control de los movimientos de personas e ideas (colonialismo geoestratégico). Estos “colonialismos de interés” son los más peligrosos, pues utilizan la ignorancia o buena fe de los pueblos y de las gentes enfrentándolas para conseguir sus objetivos sin salpicarse. A Francia le interesan las materias primas saharianas; a otros países europeos, entre ellos España, que Rabat coopere en la contención de los sin papeles y en la lucha contra el tráfico de drogas; a todo Occidente, que Marruecos se consolide como un muro frente al islamismo radical que avanza –o eso se dice–. Marruecos es por tanto un socio intocable, al que se le permite todo. Occidente sigue imponiendo su orden, en el que los pueblos –sean marroquíes, saharauis o cualquier otro– poco o nada importan.

En el siglo XXI, muchas cosas están cambiando. Las ideas, las estructuras sociales, la forma de comunicarse, el modo de hacer política, etc. Las situaciones son cada vez menos controlables y no valen los viejos manuales para las nuevas formas. No valen ni consuelan a las gentes las pautas de unos dirigentes que se han quedado obsoletos y que han acomodado su discurso a cualquier escenario. Discuten sobre un futuro que ya no les pertenece, porque no lo verán, y que está siendo reivindicado por quienes lo van a escribir: los jóvenes.

¿Podrán los negociadores saharauis sujetar a sus jóvenes? Están surgiendo movimientos paralelos que reivindican sus derechos de manera diferente, como el asentamiento de 20.000 saharauis. Esto ha supuesto una presión insoportable e inmanejable para el régimen marroquí. De ahí la razia cometida contra esas jaimas instaladas de manera pacífica. Han pretendido infligir un castigo ejemplar e, incluso, como algunos han interpretado, boicotear las conversaciones que estaban teniendo lugar en Nueva York. El efecto ha sido el contrario: el mundo ha mirado con espanto esa acción. Más aún: dicha acción ha alimentado las expectativas de otros jóvenes saharauis que no estaban en los campamentos y asentamientos pacíficos arrasados por la policía marroquí. Jóvenes dispuestos, tal vez, a reclamar de otra manera lo que entienden que les pertenece. La indolencia de unos, la impaciencia de otros y la torpeza de la mayoría se ha condimentado con la irresponsabilidad de casi todos, que miran a otra parte. Si a esto agregamos unas instituciones internacionales que nunca han resuelto nada de enjundia, el caos está servido y, si el epicentro de ese caos encierra intereses económicos, poco más que añadir.

Alguien agita esta colmena con un palo lo suficientemente largo para que no le afecte. Los más próximos a ella serán, sin duda, a quienes les piquen las avispas. Los del palo, que actúan a distancia, se llevaran la miel. ¿Y el futuro? Miles de avispas sueltas vagando por ahí. ¿Y qué hacemos los demás ante tanta ignominia? La mayoría, callar para luego lamentarse. Otros se manifiestan pacíficamente o protestan. Algunos escriben exhortando a los líderes a que se mojen y dejen las tibiezas.

Hay un gran problema o quizá sea el sino de los tiempos nuevos: ya no existen grandes líderes ni gran pensamiento. El mundo se está atomizando. No hay capacidad para afrontar y conducir los problemas globales. Muchas situaciones como la del Sáhara van a la deriva, sin nada en el horizonte que ofrezca esperanza.

África, cuna de la humanidad, está convulsa de norte a sur y de este a oeste. Antes quedaba la posibilidad de ir de Casablanca a París. Ya ni eso. Y a los líderes, por llamarlos de alguna manera, siempre les quedará la posibilidad de alegar: “Yo no sabía, ni quería”, como ahora señala George W. Bush en sus memorias al hablar de Irak. O de echar unos rezos en cualquier plaza del mundo, junto a su santidad.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Sahara: a la mierda, o a la guerra

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RAFAEL GONZÁLEZ MORERA





Vuelvo de España tras una estancia de quince días con un cabreo del quince, valga la redundancia. La sangre del Sahara me escupe en la conciencia, y no sé si he hecho lo suficiente para denunciar estas atrocidades del régimen de terror marroquí, del régimen terrorista que encabeza el sátrapa y asesino Mohamed VI, que se podía haber quedado en Mohamed cero. Estaba el martes por la tarde en Madrid, y un buen amigo saharaui me llama casi llorando de rabia y de pavor (terror) contándome las noticias que recibía de su familia de El Aaiun, encerrados en su casa de un barrio de la capital del Sahara Occidental (no puedo decir dónde), presenciando como colonos terroristas marroquíes asaltaban casas vecinas, incendiaban comercios de saharauis, daban palizas a saharauis vecinos, y se llevaban a lugares desconocidos a jóvenes saharauis vecinos de mi amigo. Vieron además a una mujer con un niño en sus brazos tirados en la calle, los dos muertos. La madre de mi amigo saharaui estaba aterrorizada.

Mi amigo saharaui, con voz temblorosa, reconocía que tenía miedo de salir a la calle. “La comunidad internacional, la ONU, nos está diciendo desde hace muchos años, tienes toda la razón, tienes todo el derecho internacional, pero no cuentes con nosotros; la ONU también nos está diciendo, tienes toda la razón de qué se violan los derechos humanos en el Sahara, pero no cuentes con nosotros, la prueba es que la MINURSO está en El Aaiun haciendo turismo; tienes toda la razón y el derecho a un referéndum, aprobado además por la ONU, pero no cuentes con nosotros; si quieres la independencia, vete a la guerra, y sino vete a la mierda”, me decía muy cabreado y ya más sereno mi amigo saharaui, que encima se enfadó conmigo porque estaba en Madrid.

A los saharauis lo están masacrando en el Sahara, y el Gobierno español que preside José Luis Rodríguez Zapatero, si te vi no me acuerdo, y dicen los psocialistas, los socialfascistas y los socioliberales del PSOE, que ellos no tienen la culpa que hace treinta y cinco años Juan Carlos de Borbón y Borbón saliera del Sahara corriendo como un cobarde, con la Legión y la cabra entre las patas. Me decía el amigo saharaui que al Polisario sólo le queda una opción, o irse a la mierda o ir a la guerra. En caso de no entrar en guerra el desprestigio del Polisario será histórico y perderá carisma entre los saharauis, porque los jóvenes y las mujeres son los máximos partidarios de volver a empuñar las armas contra los asesinos marroquíes, en contra de la posición de los “institucionalizados” en cargos como delegados en Canarias, Madrid, Paris, Londres o en Nueva York, o en puestos remunerados en el Gobierno de la RASD o en el Frente Polisario, donde viven “calentitos”, en el exterior o si acaso en Tifariti y en el Sahara liberado, y sin los problemas gravísimos del interior del Sahara ocupado.

El PSOE y el Gobierno de Zapatero se escudan, sin decirlo que es muy feo, que no tienen la culpa de la estampida que dio el Gobierno español en 1975, cuando el “chacal” de Málaga, el asesino Carlos Arias Navarro, el último presidente del franquismo, dio la orden junto al entonces Príncipe Juan Carlos de Borbón, de salir por patas del Sahara cuando la Marcha Verde organizada por Hassan II, otro asesino como su hijo Mohamed VI. Trinidad Jiménez, ministra de Asuntos Exteriores del Gobierno de Zapatero, aparece con una sonrisita un día sí y otro también cuando le preguntan los colegas periodistas por el Sahara, y sin apenas vergüenza da a entender que la cosa no va con ella, ni sabe ni contesta. Ramón Jaúregui ha formado el lío y el embrollo reconociendo de facto la soberanía marroquí en el Sahara. Ramón Jaúregui sabe mucho del GAL, pero nada del Sahara. Con todo esto, Rodríguez Zapatero entre la no aplicación de la Ley de Libertad Religiosa, la Ley de la Memoria Histórica que también está “stand by”, el mirar para otro lado con una política del avestruz en el Sahara, y la Reforma Laboral como solución para la crisis económica que provocan “los mercados”, se está cavando la tumba política a pasos agigantados. Menos mal que Mariano Rajoy no da la talla mínima para ser presidente de España. Pero de momento la mierda lo cubre todo, y el Polisario o va a la guerra o se va a la mierda.